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"¡Comuníquense con el banco de sangre! ¡Díganles que necesitamos todas las unidades de sangre tipo AB negativo que tengan, ahora mismo!". Las puertas de la sala de emergencias se abrieron de golpe cuando un médico, con el rostro pálido, salió corriendo desesperadamente al pasillo. "La paciente se está desangrando. ¡Tenemos que comenzar la transfusión de inmediato!".
Las enfermeras se apresuraron a cumplir con la orden al escucharlo.
"Doctor", exclamó Bethany Palacios, arrastrándose hacia él, pues apenas podía mover sus piernas heridas por el dolor. "Mi hija está ahí dentro. ¿Sobrevivirá?".
"Ella ha perdido mucha sangre y podríamos perderla en cualquier momento". Luego notó el terrible corte en la pierna de Bethany, tan profundo que llegaba hasta el hueso. "Usted también necesita tratamiento. ¿Dónde está su esposo?".
El teléfono de la mujer estaba caliente, pues ya había hecho docenas de llamadas, pero no recibió respuesta. La desesperación se apoderó de ella nuevamente mientras respondía: "No responde".
El terrible accidente había ocurrido hacía apenas una hora, mientras Bethany y su hija, Charlotte Soto, regresaban a casa desde el jardín de niños.
Su chofer había muerto al instante en el asiento delantero, mientras que ellas dos habían sufrido heridas graves en la parte trasera.
Sin embargo, en ese momento de crisis, no podían contactar por ningún medio a Brian Soto, su esposo y el padre de su hija.
"Respire. Todavía tenemos oportunidad de salvarla". El médico suavizó su tono al ver lo asustada que estaba. "La sangre tipo AB negativo es rara, pero el banco de sangre recibió un lote grande hace unos días, así que tenemos más que suficiente. También hemos llamado a varios de los mejores especialistas de Slenale para ayudar con la operación. Una vez que su hija reciba la sangre y esos médicos lleguen aquí, debería estar fuera de peligro".
Bethany finalmente logró respirar y calmarse un poco.
Agarró la mano del médico y, con la voz temblorosa, le suplicó: "Gracias. Por favor, haga lo que sea necesario para salvarla. Mi esposo se asegurará de que todos los que la ayuden sean recompensados generosamente. Él es del Grupo Soto...".
"¡Tenemos un problema grave!". Una enfermera regresó apresurada, luchando por recuperar el aliento. "El banco de sangre dice que Brian Soto se llevó todas las reservas de sangre tipo AB negativo. Su secretaria tiene anemia y comenzó a sentirse mareada, así que ordenó que se la enviaran toda a ella".
La noticia impactó a Bethany con tal fuerza que apenas podía pensar.
Había llamado a su esposo más de treinta veces desde el accidente, pero él había ignorado todas y cada una de las llamadas.
Aun así, había tenido tiempo para tomar toda la sangre que podría salvar a su hija y dársela a una secretaria que simplemente estaba mareada por anemia.
"Llame al señor Soto de nuevo", ordenó el médico. "Dígale que la vida de una niña está en riesgo y necesitamos que devuelva esa sangre de inmediato".
La enfermera negó con la cabeza y respondió: "Ya hablé con él. Dijo que la vida de su secretaria importaba lo mismo".
"Siga llamando hasta que escuche". El médico soltó una maldición en voz baja antes de preguntar: "¿Qué pasa con los especialistas? ¿Por qué no han llegado todavía?".
La enfermera guardó silencio durante unos segundos antes de admitir: "No van a venir. La gente del señor Soto los detuvo y se los llevó para atender a su secretaria".
Al escuchar todo eso, Bethany comenzó a marearse y se le nubló la visión.
Se apoyó contra la pared y luchó por mantenerse en pie. Sus manos temblaban mientras buscaba el contacto de la secretaria de Brian, Lexie Blanco, y la llamó.
Esta última respondió con su habitual voz suave: "¿Bethany? ¿Qué pasa?".
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