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¿Alguna vez tuvieron la sensación de que hicieran lo que hicieran, su mente siempre dirá que está mal? Aunque todos te feliciten, te den halagos, aplausos o las enhorabuena. Dentro de mí, nunca será suficiente.
Por esa razón estoy pensando en estas cosas ahora mismo, me encontraba mirando las piedras con arena del suelo de la cima de la montaña a la que papá había querido subir, me temblaban las piernas y podía escuchar cada latido de mi corazón. No siempre he tenido este miedo a las alturas, desde que empecé a tener trastornos de ansiedad este tipo de cosas fueron comunes en mi vida cotidiana.
Papá disfrutaba las vistas como un niño chico, para no fastidiar su momento de felicidad decidí respirar hondo y levantar mi cabeza del suelo, y joder, estábamos altísimos.
Sonriendo con cara de póker papá y yo nos hicimos un par de fotos y decidimos irnos al rato, con pánico, sudores y bajadas aceleradas de la montaña suspiré tranquila al pisar terreno llano, por fin.
¿Pero, que sería de esta historia si no sabéis nada de mí?
Me llamo Jericho, Jericho Mills. Tengo 20 años y soy una bala perdida entre tantas dianas. Algunos me odiarán y otros me amarán. Me daréis juicio y sentencia, pero todo es por una razón, creedme.
Mi padre se llama George, es militar. Es la persona que más amo en todo este universo. Mi vida nunca fue fácil, lo que conlleva a que la suya fue peor todavía por culpa de una persona llamada Claire, perdona a la que me "obliga" a llamar madre.
Mi madre en cambio, nunca está ni estuvo desde que tengo memoría, estuvo escaso tiempo antes de que se volviera adicta a la droga tras la muerte de su hermana por cáncer, la cuidó hasta el último momento y le sobrepasó factura, al menos eso dice papá.
Papá y yo nos mudamos a Sausalito, una ciudad en el área de la Bahía de San Francisco, en el condado de Marin, California. Tras las no tan afortunados años viviendo con mi madre, papá decidió que lo mejor era mudarnos los dos, lejos de ella. Yo vivía con mamá en sus años... ¿Felices? Fiesta tras fiesta, personas que pasaron casa, yo era una facilidad para "comprar" droga, acabé como ella muy joven hasta que papá decidió poner remedio.
Pensando en mamá, en mi mierda de adolescencia y en sus problemas que nos ha arrastrado con ella, me encontraba viendo cegada las luces de las farolas en la oscura autovía, con Kansas de fondo me ahogaba en mis pensamientos más oscuros
—¿Quieres que cenemos fuera?
—Bueno.
—No te preocupes por lo del monte, lo has hecho muy bien —miré a papá conducir — Nos hemos hecho una foto, estoy muy orgulloso de tí.
Me emocionaba escuchar esas palabras que mamá nunca me decía, normalmente eran gritos, insultos o gemidos placenteros al inyectarse el crack
—Muchas gracias, papá —sonreí— ¿Donde vamos a cenar? Me apetece una birra.
Me miró sorprendido con esos ojos castaños y brillantes, intentando no sacar toda su risa de él
—¿Birra? ¿Que eres, un americano que va a ver a los yankees?
—Tengo mis momentos.
—¿Quieres que vayamos a ver a Elisa? Podemos cenar allí, hay buena comida —su expresión es tan inocente que es enternecedora
—¿Quieres ir a cenar o a verla? —subí una ceja en modo cuestionario
—No seas boba, la ensalada de allí es increíble.
—Increíblemente cara para ser lechuga —reimos en alto dejándonos inundar por el rock clásico de la cinta de mi padre
Una vez sentados en la mesa esperamos a que vinieran a atendernos con nuestra orden ya pensada y clara
—¿Nos habrá visto Elisa? —sonreí al ver su nerviosismo
—No lo sé, puede que n-
—YO CONOZCO ESA MELENA RUBIA! —saltamos de la silla del susto de su grito
—Sí, nos vio —sonrió papá. Elisa vino corriendo desde lo más lejos de la cafetería solo para dar un gran y amoroso abrazo, enterré mi cara en sus hombros y apretamos con cariño
—Pero chica, qué tipín! —se echó sus manos a la cara— es fantástico ver tu sonrisa de oreja a oreja
—¿Cómo está todo? — asentí tímida
—Ya ves —señaló al local — prácticamente vivo aquí —reí al ver el codazo que le acababa de meter a mi padre — Si no viene tu hija no vienes a verme
—He estado ocupado —se aclaró la garganta y las dos rodamos los ojos
—Misma historia de siempre —sonrió gentil y amable — ¿Que os pongo de beber?
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