/0/19479/coverorgin.jpg?v=6f984eeaeacf730101a0f8b7f5e316dc&imageMogr2/format/webp)
¡Dios, me va a coger tarde! Pienso mirando mi reloj, mientras corro apresurada saliendo del supermercado. Tenía que ser hoy que tengo esa reunión importante, que se demoraran en cobrar. Vuelvo a mirar el reloj, me quedan apenas veinte minutos para llegar, no me va a dar tiempo, el tráfico es insoportable.
Y sin más, corro para llegar a mi auto que lo dejé un poco lejos, cerca de la calle, para que me fuera fácil salir. De pronto, siento como el tacón de mi zapato se rompe, se me vira el pie y voy a parar con mis huesos en el piso. ¡Maldito zapato…! ¿Es que hoy nada me sale bien? Diosito, por favor ayúdame.
Estoy a punto de echarme a llorar mientras recojo todas mis cosas desparramadas. Cuando escucho una voz muy varonil que me pregunta:
—¿Puedo ayudarle en algo?
Levanto mi cabeza ante esa voz que me ha removido hasta lo más profundo. Y ahí, de pie delante de mí, hay un hombre que parece salido de mi imaginación. Es alto y musculoso. Viste unos vaqueros, que dejan muy bien marcado su exuberante bulto. Cuando logro apartar mi vista de esa parte de su anatomía, descubro unos muy bien formados pectorales, un poco más arriba, unos carnosos labios, junto a unos ojos azules de ensueño, debajo de unas espesas y largas pestañas. Deberían ser las mías así, pienso. Su cabello brilla bajo el sol, y sus ojos tienen un destello eléctrico.
—Gracias, ya casi termino —contesto ante su gesto de agacharse para ayudarme a recoger las cosas.
Mientras continúo recogiendo todo, lo observo. Su apariencia es sorprendente, como si fuera una creación hecha por mí. Debería ser imposible que alguien así exista.
—¿Puedo ayudarle? —pregunta de nuevo, esta vez más cerca e inclinado recogiendo mis cosas.
Y me tiende su musculosa mano, para ayudarme a ponerme de pie. La agarro, pero me falta el equilibrio, estoy a punto de volver ir a parar al piso, cuando sus fuertes brazos me agarran por mi cintura, pegándome a su cuerpo. Y, ¡es cuando todos los nervios que existen en mi cuerpo, saltan como un resorte, como si me hubiesen electrocutado!
Me quedo extasiada observando sus increíbles ojos y sintiendo ese embriagador olor que despide. ¡Cielos, esto no puede ser real! Salgo de su agarre, obligándome a sonreír.
—¡Mu…, muchas gracias! —tartamudeo alejándome, sin dejar de observarlo.
¡Oh, cielos! ¿Habrá salido de mi imaginación? ¡Es exacto, al príncipe de mis sueños! ¡Ese tipo de hombres de ensueño que solo existen en películas y libros! Y tenía que verme desparramada en el piso, ¡qué vergüenza! ¡Diosito, eso no se hace! ¿Cómo se te ocurre mandármelo cuando estaba en esa horrible situación?
Giro mi cabeza una última vez y lo veo en el mismo lugar, observándome. ¡No lo puedo creer! ¡No puede ser real! Y yo..., caminando coja por todo el parqueo, me debo ver horrible. ¡Trágame tierra!
/0/19842/coverorgin.jpg?v=666695157add1f4cd3c5454c370c564a&imageMogr2/format/webp)