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Impredecible

El día que dejó de esperar

El día que dejó de esperar

Stella Montgomery
Todo el mundo sabía que Kristine estaba enamorada de Colton. Sin embargo, su corazón estaba aferrado a una mujer del extranjero, alguien con quien pasaba la mayor parte de sus días y que ahora estaba embarazada de su bebé. Aun así Kristine le pidió que se casara con ella. El día de su boda, él nunca llegó al registro civil. Su "amor verdadero" había regresado. Siete años de lealtad después, Kristine se alejó, lo bloqueó y dejó su ciudad. Colton ni siquiera se inmutó, hasta que la vio en el juzgado, del brazo de otro hombre. Eso hizo que el orgulloso CEO se puso pálido. La siguió, consumido por la desesperación. "Lo siento. Por favor, dame otra oportunidad". Ella respondió: "¿Puedes dejarme en paz? Ya estoy casada".
Moderno TraiciónDivorcioNovia fugitivaEnfoque de mujerCrecimiento personal
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Invisible era la palabra que me describía, y me gustaba así, me gustaba poder caminar por el centro del pasillo y no ser el centro de atención, me gustaba poder conseguir una mesa no muy en el centro de la cafetería y que nadie me reparara y no exactamente porque intentaba ser invi.    C. D. XS sible, sino porque nadie notaba algo en mí que fuera atrayente.

Y es que básicamente era igual al promedio.

Metro sesenta y seis, cabello castaño, ojos castaños y piel aparentemente blanca, pero que delante de una americana de verdad, parecía amarilla, yo había nacido aquí, pero mis raíces estaban a años luz de ser cien por ciento estadounidenses.

Igual no importaba, me agradaba así, tener algo realmente interesante que contar a cerca de la cultura latina que me envolvía.

Y aunque ni siquiera mis padres hablaban español, estaba ahí, todo lo que era viajaba a través de mi sangre, la parte dominicana brillaba en mis curvas pronunciadas y la parte costarricense se notaba en el lacio de mi cabello y en muchas otras cosas más.

Y aunque no llevaba la cultura al cien, me gustaba recordar de donde venía, aunque mis padres no lo recordaran del todo y si parecieran americanos promedio.

Con un suspiro suave dejé mis libros en el casillero y caminé con pasos lentos hacia mi primera clase. Definitivamente ese era otro factor que evitaba que destacara, era una estudiante promedio, ni mala, ni excelente, solo pasando materias con calificaciones suficientes como para no pertenecer a ningún grupo, solo era parte de la media.

Era el típico, seis de cada diez, no era nunca ese cuatro que se dirigía a un lugar diferente.

Al entrar me senté en el centro del salón y me organicé para tomar los apuntes que fuesen necesarios.

No viajaba música a través de mis oídos ese día, solo el barullo y el traqueteo de la universidad era lo que me mantenía entretenida mientras movía mis dedos por la mesa creando un sonido rítmico que asemejaba a una canción que en algún momento escuché.

Estudiaba administración y lo hacía más para poder tener suficiente tiempo libre para hacer otras cosas como leer. Leía mucho, era una consumidora de libros desde los once y hasta mis diecinueve años seguía en ese mismo proceso.

La calma que me trasmitían los libros era fascinante.

Y aunque me había visto obligada a estudiar para tener un mejor futuro, según mis padres, no me enfrascaría en una carrera que terminaría consumiendo casi todas mis horas al día cuando quería hacer más que solo estudiar todo el día.

La clase pasó lenta al igual que todas las que tenía ese día en particular hasta que llegó la hora del receso y pude tomar mis cosas para ir a embutirme un sándwich.

Estaba hambrienta por no haber desayunado en casa, por lo que me moví rápido alrededor de los estudiantes que ya habían salido y en cuanto entré en la cafetería fui a parar hasta la fila para esperar mi turno.

Tomé mi comida, fui hasta una mesa no muy lejos del centro y me embutí todo mientras esperaba a que Liana apareciera. Era una de las cuantas compañeras con las que compartía clases y casi siempre me encontraba en la cafetería para compartir sus minutos de descanso conmigo.

No pasó mucho tiempo cuando ella apareció en mi camino luciendo agitada y con una sonrisa de los mil demonios en su rostro.

Se dejó caer frente a mi y chilló fuerte y claro llamando la atención de algunos hacia su persona.

Ella lucía su cabello rubio perfectamente planchado, considerando que el de ella era rizado a comparación del mío totalmente lizo.

-Deberías calmarte -ofrecí tranquila cruzando mis manos sobre la mesa y observándola atenta.

-Por primera vez sé que te haré explotar -admitió orgullosa -o al menos recibiré más que una mirada fría.

Bufé suavemente ante sus palabras.

Ella me solía decir chica inexpresiva, porque básicamente eso era.

Era difícil percibir una emoción mía desde el exterior y en muchas ocasiones se llegó a preguntar si padecía el síndrome de Asperger, pero sabía que no.

Que no me gustara hablar ni dejar en evidencia lo que estaba sintiendo, no quería decir que no sentía nada.

Sentía y mucho, principalmente con los libros.

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Darknessyfs
El silencio me había envuelto toda mi vida. Podía recordar mi infancia llena de respuestas cortas y asentimientos. Me alejé de las personas para evitar tener que conectarme. Y cuando comenzaron a tratarme como a una perra fría fue más fácil alejarme de todos. Hasta que llegaron ellos, arrastrándome
Romance Juego de rolesPrimer amorAmor a primera vistaAristocraciaAsesinoLujuria/EróticaArrogante/Dominante
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