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Jessamine

Matrimonio relámpago con el padre de mi mejor amiga

Matrimonio relámpago con el padre de mi mejor amiga

Zhi Yao
En la gala benéfica, apreté mi copa de champán hasta casi romperla mientras veía a Alonso, mi tutor legal, anunciar su compromiso con mi ex mejor amiga. Yo, la heredera caída en desgracia, no era más que la "arrimada" con un vestido barato manchado de alcohol, soportando las burlas de quienes antes adulaban a mi familia. Huí a la biblioteca buscando aire, pero allí me topé con Diego Carranza, el magnate más temido de la ciudad y padre de mi única amiga. Ebria de humillación y desesperación, cuando él me ofreció un pañuelo, yo le pedí algo mucho más peligroso: «Cásate conmigo. Necesito un escudo que él no pueda escalar». Esperaba una burla, pero él sacó un contrato y una pluma. A la mañana siguiente, desperté en su ático con un anillo de platino y una tarjeta negra sin límite. Alonso, furioso al descubrir que su "propiedad" se había escapado, intentó usar mi fideicomiso para extorsionarme, gritando que me dejaría en la calle y arruinaría a mi "misterioso esposo" si no volvía a su control. Yo temblaba, pensando que solo era un peón en un juego de poder, un capricho que Diego desecharía cuando Alonso atacara su imperio. Pero Diego no solo no parpadeó, sino que hundió las acciones de Alonso en una hora con una sola llamada. Esa tarde, me llevó a una casa en el lago y me mostró un jardín secreto de rosas blancas -las favoritas de mi madre- que él había cultivado en silencio. Me miró con una intensidad aterradora y susurró: «No me casé contigo por negocios, Isabel. Cultivé este jardín durante tres años, esperando el día en que me dejaras salvarte».
Romance MafiaVenganzaReina
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La universidad a la que asistía era grande, muy grande con una cantidad de estudiantes considerable, ya que esta era la única de la ciudad, si te cruzabas varias veces con la misma persona era por mucha casualidad, o porque te estaba buscando, o también porque estaban en la misma facultad, o mismo semestre, o compartía clases, o ibas a la cafetería.

Pero definitivamente era más por tres opciones: o te estaba buscando, o compartían clases, o ibas a la cafetería.

Billie jean sonaba en mis parlantes y sin poder evitarlo comencé a mover la cabeza de uni lado a otro en tanto ubicaba mi casillero. Solo una vez había visto a las personas que tenían los suyos junto a mí y más nunca, ya que al parecer sus clases eran en un horario diferente al mío.

Mis pies se deslizaron en el suelo frente al casillero mientras buscaba el libro que había dejado ayer.

Una sonrisa apareció en mis labios en el coro en tanto la tarareaba, joder, esa maldita canción me alegraba cualquier día amargo con solo escuchar la pista. Uno de mis auriculares fue retirado y casi pego un grito de enojo.

-La puta madre que te parió, Mely -me quejé en cuanto supe que era la rubia que tenía como amiga.

-La campana sonó hace cinco minutos para tu próxima clase y aun sigues aquí bailando frente al casillero.

Rodé los ojos colocando los auriculares nuevamente. Sin contestarle me encaminé hacia mi pasillo en busca de mi salón. En completo silencio ingresé en él sabiendo que el maestro ya había llegado y me senté en uno de los asientos traseros.

La mirada de la chica junto a mí me escrutó sin perderse detalle y yo me removí incomoda.

Ese día no iba especialmente elaborada, mi cabello anaranjado se encontraba recogido en un moño enmarañado, mis ojos mieles estaban opacados por unas ojeras de muerte y mi buzo negro en conjunto con el pantalón del mismo color solo me hacían ver como gótica.  

Pero nadie podía juzgarme, me pasé la noche escribiendo sin preocuparme por las clases del día siguiente. Definitivamente debía controlarme, pero era simplemente imposible y sumándole a eso que estaba en la etapa en donde detestaba mi carrera no había mucho que pudiese hacer.

Ignorando su mirada continué con los auriculares puestos en tanto fantaseaba con los siguientes hechos del libro en proceso. Nadie, absolutamente nadie me leía, yo escribía porque nadie hacía los libros que yo me interesaba por leer y cuando lo hacían eran en páginas y aplicaciones virtuales en donde estaban pesimamente redactados, por lo que los hacía y luego los releía como si nunca los hubiese hecho.

Las horas pasaron y casi aplaudo de alegría cuando los estudiantes a mi alrededor se levantaron, yo los seguí cabeceando con la canción de turno y me dirigí a la cafetería para buscar algo para desayunar en la media hora que tenía libre.

Di un suave giro en el pasillo y sin querer al volver al frente choqué con un cuerpo trastabillando levemente.

-Lo siento -dije sin sentirlo realmente y pasé junto al chico para seguir ensimismada con la canción.

Al entrar en la cafetería mis movimientos cesaron y me encaminé hasta la fila con las manos en la sudadera. Había mucha gente, aunque muchas mesas se encontraban vacías y daba gracias a Dios por el aire acondicionado, de lo contrario estaríamos asfixiándonos.

Al llegar mi turno pedí galletas y jugo y luego de pagar me senté en una mesa cerca del centro que se encontraba milagrosamente desocupada, tal vez porque a la gente no le gustaba estar en el centro, casi siempre las miradas iban hacia ese lugar, pero yo en ese momento solo quería meterle algo a mi estómago antes de la siguiente clase.

Engullendo a velocidad de vértigo me comí el paquete de galletas, pero antes de poder irme alguien se sentó en mi mesa.

-¿Qué quieres? -le pregunté al chico frente a mí.

¿Cómo alguien podía hacer que mi humor pasara de un diez a un tres?

Sus labios se movían, pero yo no lo escuchaba. Rodando los ojos retiré los auriculares.

-Bebe, perdóname, enserio, no sabía que irías a mi casa -reí sin poder evitarlo.

-Claro, si hubieses sabido que iba no metes a una mujerzuela a coger en la misma cama donde me cogías a mi -él se vio desesperado con mis palabras.

-Bebe -susurró y yo fruncí el ceño asqueada.

-Suerte que todo lo nuestro se resume a unos malos polvos -dije tranquila haciendo que su rostro palideciera.

-¿Malos polvos? -cuestionó -tus gritos pidiéndome mas no decían lo mismo -yo reí sonoramente.

-Soy muy buena actriz, ahora, te ordeno que dejes de llamarme bebe, porque a la próxima te parto la cara.

Sin cuidado me levanté de la mesa recogiendo mi basura y caminando hacia el basurero.

Raian había sido mi novio durante seis meses y aunque no lo amaba si lo quería, le tenía cariño. Sabía que lo nuestro no llegaría muy lejos, pero el que me hubiese engañado con otra no era algo que me hubiese esperado.

Y la infidelidad no era lo que más me dolía, sino el hecho de que la chica era tan atractiva y femenina. No es que yo fuese fea, no lo era, solo que no solía ir todo el tiempo arreglada a la universidad y la chica con la que él me había engañado si lo hacía, cada maldito día venía hermosa y más de uno estaba detrás de ella.

Yo, aunque quisiera no podía hacerlo, me dormía tarde y despertaba con el tiempo justo para una ducha y una lavada de dientes. Los días en los que solía ir arreglada más de uno me flirteaba, pero mi estilo desenfadado no a todos les gustaba.

Mis ojos soltaron unas cuantas lágrimas sin que pudiera evitarlo, Raian había logrado que mi autoestima descendiese un poco sintiéndome insuficiente ¿es que acaso no le di lo que todo hombre necesita? Tiempo, sexo, atención e interés.

Pero claro, nunca era suficiente.

Mi cuerpo chocó con otro por segunda vez en el día, pero esta vez si levanté mi rostro para observar con quien había chocado. Podría decir que era un chico, pero parecía ya un hombre hecho y derecho. Su cuerpo estaba cubierto por una camisa blanca, un jean negro y su cabello del mismo color se encontraba medio rapado en los lados y arriba era de un largo que le rozaba las mejillas.

-Lo siento -susurré embelesada.

Amaba el cabello negro en desmedida y el que él tuviese los ojos del mismo color me sorprendió, ya que es muy poca la población con ese color de ojos.

-¿Estas bien? -cuestionó al ver mis lágrimas y yo asentí secándolas.

-Si, si, si, todo está bien -me hice a un lado para dejar que él pasara, pero no se movió de su lugar.

-No parece -dijo observando mi desaliñada imagen.

-Una mala noche -dije sintiendo mis mejillas enrojecer.

¿Pero qué demonios? Yo no me sonrojaba a menos que estuviese haciendo ejercicio y sudara como cerda.

-¿Las lágrimas también son por eso? -negué haciendo un intento de sonrisa.

-Un mal rato -lo miré por última vez antes de bajar mi mirada al suelo.

Sus ojos eran muy intensos y su sola presencia me intimidaba.

-Bueno, disculpa otra vez y gracias.

Pasé junto a él, pero su mano sostuvo mi antebrazo deteniéndome.

-¿Puedo saber tu nombre? -cuestionó suavemente.

-Jessamine -contesté. Él asintió y soltó mi brazo recorriendo la distancia que lo separaba de la cafetería.

Solté un gritito de frustración al darme cuenta de que no le pregunté el suyo. Seré estúpida, un tipo con aspecto de un dios y no le pregunto su nombre.

◈◈◈◈◈

Mely se encontraba arrastrándome hacia una cafetería que se encontraba cerca de la universidad, hacía días que no hablábamos y ella estaba más que ansiosa por escuchar la historia completa.

-Vamos mejor a mi casa -pedí.

-No iré al cuchitril de habitación que tienes -aseguró sentándose en la primera mesa vacía que encontró.

-No me juzgues, mi habitacioncita al menos

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