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Un agudo dolor en su pata delantera le arrancó de los brazos del sueño. El Alfa Supremo, Mat, abrió los ojos, sus iris rojos brillando en la oscuridad. La sensación de frío que le envolvía era tan intensa que parecía masticable. Se encontró dentro de un cuerpo pequeño y vulnerable, el de un cachorro de lobo que estaba siendo acosado por otros cachorros más grandes.
La lluvia caía en cascada sobre ellos, convirtiendo la selva circundante en un caos de sonidos y movimientos borrosos. Estaban luchando por el refugio de una pequeña cueva, un lugar para resguardarse del diluvio que azotaba el bosque.
El cachorro que lo tenía agarrado por una pata gruñía amenazante, los pelos de su lomo erizados como púas amenazadoras. Pero a pesar de su tamaño, el miedo se reflejaba en sus ojos cuando se encontraron con los de Mat. Con sus ojos rojos ardientes, se enfrenta al cachorro que lo tiene agarrado de la pata, gruñendo amenazante mientras sus pelos se erizan en señal de desafío. El cachorro, aterrorizado, finalmente lo suelta.
Cojeando de dolor, Mat se arrastra bajo la protección de un gran tronco que apenas lo resguarda de la inclemencia del clima. Lame su pata adolorida, sintiendo la frustración y la confusión inundar su mente. ¿Cómo es posible que el poderoso Alfa Supremo se haya convertido en un débil cachorro indefenso?
Mat era el Alfa Supremo de los lobos, el líder indiscutible de su especie. Pero la última imagen grabada en su memoria era la gran sala de los dioses, parado frente al poderoso Ra. Había sido juzgado por no revelar cómo había convertido a su humano, Jacking, en su sangre. Y por su deseo de regresar a ser el alma de lobo que siempre había sido del Alfa Supremo Jacking-Horus.
Pero, ¿por qué estaba allí? ¿Por qué estaba en el cuerpo de un cachorro, rodeado de lobos desconocidos y bajo la furia de una tormenta? Las respuestas a estas preguntas se perdían en la bruma de su mente confundida. Cierra los ojos y rememora todo lo acontecido en las últimas horas:
El majestuoso salón de la justicia rebosaba de deidades, convocadas para presenciar un evento de gran envergadura. Hacía siglos que un dios no había transgredido las reglas de tal manera. La infractora era precisamente Ma’at, la gran diosa de la justicia y una de las hijas favoritas del poderoso Ra, junto con las diosas Bastet, Hathor, Sejmet y la diosa del caos, Isfet. Esta última había sido condenada a desaparecer por siempre. Las otras tres, sancionadas a permanecer alejadas de la tierra durante milenios y a cumplir arduas tareas.
Por último, quedaba el dios creado por la diosa de la justicia Ma’at, el Alfa Supremo de los lobos, Mat. Condenado a vivir por mil años como un alma de lobo, precisamente en el humano Horus-Jacking. Heredero de los grandes poderes del hijo de los poderosos dioses Isis y Osiris. “El gran Horus”
— ¿Mat, estás seguro de que no quieres volver a ser parte de la diosa de la justicia Ma’at? — inquirió el poderoso Ra personalmente.
— Sí, estoy seguro, poderoso Ra. Deseo seguir siendo el lobo del Alfa Supremo Horus.
— ¿Estás menospreciando a mi hija por un simple humano? —preguntó furioso el gran Dios Ra.
— No menosprecio a nadie, poderoso Ra —respondió Mat respetuosamente. — La diosa de la justicia Ma’at me creó. No era su intención que yo volviera a ser parte de ella, si no me hubiera hecho a su imagen y semejanza. Pero me hizo hombre.
— ¿No preferirías seguir siendo un poderoso dios? —Insistió Ra. —Podría permitirte ser el hijo de Ma’at, mi nieto predilecto.
— Te agradezco mucho, poderoso Ra, pero no —se mantuvo firme el Dios Mat, en su propósito de regresar. —Quiero regresar con mi Luna, vivir con mi humano, con mis cachorros, con mi manada.
Ra bufó furioso desde su trono. Todos los dioses observaban el juicio del dios Mat. La diosa Yat, (Luna), se adelantó, inclinándose ante el gran Ra, quien le concedió permiso para hablar.
— ¡Oh poderoso Ra, permite que el Dios creado Mat, siga siendo uno de mis hijos! Él ha realizado junto al humano Horus, un excelente trabajo como Alfa Supremo de los Lobos.
— Yat, sé que te encanta proteger a tus lobos, pero este no es un lobo nacido, es un dios convertido en lobo como castigo. ¡Debe volver a ser un dios! — exclamó Ra enfurecido.
— Padre, por favor — interrumpió Ma’at, la diosa de la justicia, su voz resonando con autoridad a pesar de su aparente vulnerabilidad —. Mat tiene razón en lo que dice. Nunca fue mi intención que volviera a ser parte de mí. Lo creé con un propósito específico: ser un ser independiente, un espíritu libre que habitara eternamente en la tierra.
Sus ojos se encontraron con los de Ra, brillando con una intensidad que desafiaba su posición.
— ¿Qué quieres decir con eso? — preguntó el gran Ra, su voz retumbando en el vasto salón.
Ma’at tomó una respiración profunda, preparándose para revelar su verdad.
— Quise que Mat habitara siempre la tierra para poder tener un vínculo con ese mundo, para poder visitarlo de vez en cuando sin que nadie lo supiera. Sé que como diosa de la justicia, mi deber era mantener la imparcialidad y no interferir con el mundo terrenal de esa manera.
Las palabras colgaron en el aire, una confesión que desafiaba las reglas divinas.
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![UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA AMAR[Novela corta]](https://cos-spres.cdreader.com/site-375(new)/0/15663/coverorgin.jpg?v=f613eeae9aed430664f3b52300ba5981&imageMogr2/format/webp)
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