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Reino Witther (16 años antes)
La mujer aferró con fuerza a su bebé, corría con rapidez sintiendo el aire golpear su rostro.
El miedo recorrió su cuerpo en unos segundos, miles de lágrimas brotaban de sus hermosos ojos café.
Se escuchaban los aullidos, gritos y rugidos. Ella sintió aún mucho más miedo.
Paro en seco al verse atrapada, había llegado a un callejón. Grandes bolsas negras estaban amontonadas a un lado.
Se acercó a ellas y olfateó, de ellas brotaba un olor fuerte que nadie podría captar a la distancia.
Soltó las tiras que sujetaban su capa, con está envolvió el pequeño cuerpo que yacía en sus brazos. Lo arrulló por unos momentos para calmar su llanto y cuando al fin dejó de llorar cerró sus ojos por unos segundos.
Era arriesgada la decisión que tomo, pero debía hacerla.
Colocó al bebé encima de las bolsas, cubriendo el cuerpo con las bolsas no tan exagerado para que pudiera respirar.
Los aullidos aumentaban, escuchó que las pisadas aumentaban.
Estaban cerca.
Sus sentidos felinos le avisaban que debía huir para poner a salvo a su bebé.
—Aranya. —susurro la mujer observando a su bebé— Te llamarás Aranya, pronto vendré por ti.
Y en unos instantes la figura humana había desaparecido y en ella había la figura de un felino inmenso, de pelaje negro como la noche y una marca en blanco, la luna yacía plasmada en su pelaje.
Soltó un gemido de dolor y corrió fuera del callejón.
Aquellas bestias olieron a la felina, soltaron un rugido y corrieron siguiéndola.
Su aroma cada vez más aumentaba.
La felina siguió corriendo, su corazón dolía.
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