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La bellísima joven que lucía a la perfección un hermoso vestido de novia blanco hecho especialmente a su medida, estaba de pie junto a la ventana y, con sus ojos totalmente fríos y distantes, miraba con gran asombro todo a su alrededor.
En ese momento, ella justamente acababa de casarse con el joven de la familia Grantham, el presidente más guapo y poderoso de todo el imperio empresarial más multimillonario de la ciudad Bey y, aunque debía estar sumamente feliz por ese acontecimiento; en realidad, su rostro estaba totalmente pálido y con una expresión llena de dolor, incluso, apretaba fuertemente sus delicados labios para reprimir todas sus emociones. A decir verdad, no podía negar que muchas mujeres la envidiaban por haberse casado con él; sin embargo, solo ella sabía perfectamente que ese matrimonio no era más que un simple papel, pues él se encargó de aclararle que no la amaba, es más, le dijo que la odiaba por haber manipulado a su abuelo para que tomara esa decisión.
Incluso, cada una de las palabras que le dijo aquel hombre, resonaba con total claridad en sus oídos: "No eres más que una novia por contrato; así que, no esperes absolutamente nada de mí. Solo quédate y actúa como una buena esposa durante estos dos años; pero luego, desaparecerás de mi vida inmediatamente".
Después de pensar en las indiferentes palabras de aquel hombre, la mujer quedó totalmente estupefacta y mirando fijamente a su alrededor; mientras recordaba cómo fue que empezó todo.
"Su condición está empeorando y necesita urgentemente un trasplante de corazón; de lo contrario, no podrá sobrevivir por más tiempo", dijo el médico frente a ella.
A decir verdad, escuchar esas duras palabras del médico, no solo le causó un gran dolor en su corazón; sino que también, la dejó como si hubiera visto un verdadero fantasma, totalmente pálida. Incluso, sus manos empezaron a temblar incontrolablemente y, aunque quería preguntarle muchas cosas, sintió que no le salía la voz.
Por su parte, al verla tan afectada con la noticia y, sin la intención de decirle algo, con la mirada fija en la mujer frente a él, el médico le preguntó delicadamente: "¿Solicitó el corazón que necesitamos?".
Mientras que, tras su pregunta, Zara no pudo responder ni una sola palabra, y solo asintió débilmente en señal de respuesta; a decir verdad, ella había solicitado el trasplante de corazón hace un año atrás, pero la lista era tan grande que, el número de su hermano era después de casi cien personas.
En realidad, Zara estaba totalmente destrozada y con lágrimas en los ojos, pues, no solo no tenía idea de cuánto tiempo tomaría obtener el corazón para su hermano; sino que también sabía que, aunque ese momento llegara, ella tampoco tendría el dinero suficiente para pagar la costosa cirugía. Es decir, no veía ninguna otra salida para salvar la vida de su querido hermano.
Después de pensar en ello, Zara trató de respirar hondo para tranquilizarse, levantó ligeramente la barbilla y, mirando fijamente al médico, se armó de valor y preguntó: "¿No hay otro tratamiento más que un trasplante?".
Luego de escucharla, y también con la mirada fija en ella, el médico le respondió: "Zara, sabes que Brian nació con una enfermedad cardíaca congénita, ya es un milagro que haya sobrevivido todos estos 19 años sin el trasplante; pero ahora, su corazón se debilita día a día y no puede bombear la sangre suficiente que su cuerpo necesita, así que, no cabe duda que tu hermano necesita el trasplante lo más pronto posible. Es más, déjame decirte que yo conozco a alguien que puede conseguir el trasplante inmediatamente y, si quieres, puedo comunicarme con él; pero, debo decirte que si es un poco costoso".
Tras oír ello, Zara se mordió ligeramente el labio, miró sus temblorosas manos sobre su regazo y, solo trató de procesar claramente las palabras del médico; mientras que, al ver su rostro bastante preocupado, el hombre suspiró profundamente y volvió a decir: "No te preocupes; de todos modos, no te estoy obligando a hacer eso. Por mi parte, haré todo lo posible para mantener su condición estable hasta que reciba el corazón; pero, te lo digo de nuevo, no puede esperar mucho tiempo".
"¿Cuánto?", preguntó Zara repentinamente y con la voz entrecortada; aunque, a decir verdad, estaba haciendo todo el esfuerzo posible para no derrumbarse más frente al médico.
A decir verdad, la pregunta de la mujer dejó un poco aturdido al médico, pues no esperaba que ella preguntara eso; no obstante, después de unos segundos, el hombre respondió: "Bueno, normalmente se necesitan unos cientos de miles para un trasplante; pero, si él lo hiciera, te cobraría aproximadamente un millón".
"¿Un millón?", repitió muy sorprendida la mujer, mientras levantaba rápidamente la cabeza para mirar a los ojos al médico frente a ella; incluso, estaba tan aturdida que, parecía que su mandíbula estaba a punto de caer al suelo.
"Sé perfectamente que esto es muy costoso para ti; pero, si puedes conseguirlo, él sobrevivirá esta enfermedad", dijo sutilmente el médico.
A decir verdad, Zara se sintió un poco mareada y como si estuviera a punto de derrumbarse; de hecho, para ella ya era difícil conseguir unos cientos de miles, así que, un millón era una verdadera cifra astronómica. Es más, ni siquiera sabía de donde podría sacar tanto dinero.
Después de escuchar esas malas noticias, Zara quedó bastante aturdida y preocupada por la situación; incluso, sin saber exactamente cómo lo logró, pudo salir lentamente del consultorio. Sin embargo, como en ese momento no quería enfrentarse a la triste mirada de su hermano y su madre, ella salió del hospital y se fue al parque más cercano; luego, estando ahí, se sentó en una banca, se tapó la cara con la palma de sus manos y empezó a llorar inesperadamente.
"Hola, señorita Morris", dijo una voz profunda y nítida muy cerca de ella; así que, Zara dejó de llorar instantáneamente y, tras aparatar ligeramente sus manos, levantó la mirada para ver de quien se trataba.
En ese momento, ella vio claramente a un hombre mayor de pie junto a ella, tenía una expresión indescriptible y su mirada era un poco indiferente; sin embargo, a pesar de todo ello, Zara pudo reconocer perfectamente que era el mayordomo de la familia Grantham.
No obstante, Zara quedó un poco aturdida al verlo de pie frente a ella, pues no entendía porque ese hombre había ido a buscarla; luego, se secó las lágrimas y, justo cuando ella estaba a punto de preguntar, el hombre le señaló hacia un lado y le dijo: "El señor quiere hablar contigo. Te está esperando en el auto".
Después de escuchar ello, Zara giró la cabeza para mirar en la dirección que el hombre le señalaba, y fue ahí donde vio una elegante limusina frente al parque; sin embargo, al pensar en el por qué el maestro Grantham quería verla, ella quedó aún más perpleja.
Luego, respiró hondo unas cuantas veces para recomponerse y, tras ponerse de pie, le respondió: "Bueno, está bien. Vamos".
Tras ello, Zara empezó a seguir al mayordomo delante de ella y, justo cuando llegaron al lado de la limusina, el hombre le abrió cordialmente la puerta para que entrara. A decir verdad, dentro del auto, estaba un anciano de casi ochenta años, vestía un elegante traje gris a la medida y su cabello estaba peinado cuidadosamente hacia atrás; incluso, sosteniendo su bastón con cabeza de león y la postura que tenía, lo hacía ver como un absoluto rey.
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