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El despertador sonó y maldije por lo bajo, sintiendo de alguna manera que hoy sería un pésimo día.
Todos los días me levantaba temprano para poder preparar a mi hijo y que este pudiese ir al colegio. Como cada mañana, miraba la foto del hombre que tenía en la mesita de noche. Lo echaba de menos y no entendía el porqué se había marchado.
Tomé el marco que tenía la foto y me quedé mirándola. Ya habían pasado tres años desde que él se marchó y no podía evitar preguntarme el motivo de su partida.
Dejé el marco de nuevo en su sitio y me levanté de la cama. Tomé la liga que había en la mesita de noche y me recogí el cabello, mientras me dirigía hacia el baño.
Salí y a dos puertas de la mía, estaba la de Adrien, con pegatinas de dinosaurios.
Entré en esa puerta y me quedé mirando al niño que dormía sobre sábanas de dinosaurios. Sonreí dulcemente y me acerqué a la ventana que estaba enfrente de la cama del niño para subirla y ver su reacción.
Él apretó los párpados, se echó el brazo por encima de los ojos y remoloneó.
“Todas las mañanas lo mismo” pensé con ternura, mientras me acercaba a la cama. Me senté en el filo y le dije:
—Vamos, Adrien, vas a llegar tarde al colegio.
—No quiero —dijo medio dormido.
—Mamá tiene que irse a trabajar y no puedes quedarte solo en casa.
—La tita Jackie se queda conmigo —se quitó el brazo de sus ojos.
—La tita Jackie también tiene que trabajar —le acaricié la barriga— Vamos, dormilón. El papá de Darío va a venir a por ti y debes estar listo para cuando venga. No podemos hacerle esperar.
Mi niño abrió los ojos de manera perezosa.
—Mami, ¿me prometes que luego vamos a ir al parque?
—Claro, pero primero tienes que hacer lo que mami diga —le di suavemente en la nariz.
—Oye, mami, ¿cuándo va a venir papi? —me preguntó, haciendo que le mirase sorprendida.
“Eso es lo que me gustaría saber a mí” pensé.
—¿Es que papi no nos quiere y por eso se ha marchado?
—¿De dónde sacas eso de que no nos quiere? Claro que nos quiere y mucho. Lo único que su trabajo… lo tiene muy ocupado.
—¡Pero aun así, mami! Todos los papás de mis amigos están siempre con ellos, a pesar de que ellos también trabajan —hizo pucheros
—Adri, cariño. Papá… no tiene su trabajo aquí, lo tiene… en otro sitio. Estoy segura que pronto volverá y que nunca se marchará de nuestro lado —mentí, aunque eso es lo que yo quería creer.
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