/0/21688/coverorgin.jpg?v=f44e517917d8041c27525f4f0377d0fa&imageMogr2/format/webp)
Eduardo. Mi jefe y la persona más insoportable de toda la empresa. Aunque, no me refiero a insoportable fastidioso y molesto, o quizá si un poco, pero, el punto es que, estoy cómoda en mi puesto de trabajo como su asistente. Y tal vez ese sea un gran problema, porque debería de optar por algo mejor y menos... Cansado. Más lejos de él. Más lejos de aquellas mariposas que florecen de vez en cuando estando aquí.
El señor Eduardo es... Simplemente un hombre extraordinario, tan único, tan insufrible y tontamente perfecto. Un don Juan que todas las chicas desean en su vida. Pero para quedarse lo no solo tener una aventura e irse, como se rumorea que suele hacer dicho galán y jefe.
Yo, por mi parte ahora mismo estaba corriendo como una loca por todas las oficinas de la empresa intentando llevarle un ridículo café a la señorita de la cual esta enamorado, o cortejando que se yo. O eso es lo que los chismes dicen por todas partes y sin saberlo o quererlo llegan hasta mi como bombas de humo cayendo sobre los oídos; sí, si. Ya se que es demasiado exagerado, pero es casi de esa forma.
Todo este tema estaba dándome dolor de panza y haciéndome rodar los ojos por ser yo, quien haga el papel de cupido, como si tuviese algún interés en establecer estás relaciones entre ambos. Yo solo sigo sus ordenes de llevarle un café todos los viernes a las ocho en punto a tal señorita, y podría decir que en contra de mi voluntad. Era tan tonto este ritual. Desde que me había ordenado hacerlo hace unas semanas yo era la que más había sufrido, aparte de todo el desastre que dejaba a mi paso por llegar tarde algunos días.
Y mas ridículo para mi que debía correr por todos lados buscándola gracias a el. Pero parte de mi trabajo como secretaria era complacer y llenar todas sus ridículas e impensables expectativas, acompañadas de esas exigencias totalmente fastidiosas.
Me valía tres kilos de madera lo que sucediera entre ellos, pero usarme a mi como cupido ya era demasiado. Ni siquiera sabía si en realidad tenían algo, solo eran suposiciones.
- Ada, deja de correr por los pasillos tan temprano - grito Yuli desde su puesto de trabajo atrayendo unas pocas miradas, desde un pequeño cubículo junto a la puerta de la señorita Gen. De la que el jefe estaba...Lo que sea que estaba de ella. Pero allí era donde se encontraba la dueña del café por el cual yo corría por la oficina con el cabello alborotado. Un pavo real se quedaría corto junto a mí.
- Se te ven los calzones cada vez que brincas como una vaca enloquecida por todos lados.
-- Cállate!- le respondo poniendo el café dentro de la oficina de Gen, cerrando la puerta tras de mi al salir rápidamente. De forma sigilosa intentando no llamar mucho la atención, evitando las miradas de los demás en el espacio de trabajo.
Paso por el lado de Yuli y la esquivo sonriendo y negando a la vez con la cabeza. Me falta entregar dos carpetas también en la administración, y no puedo evitar preguntarme sino hay alguien mas que se encargue de estos trabajos. Muy poco personal para lo mucho que hay que hacer, en realidad. Estoy sosteniendo más peso del que debería y en este trabajo no se me paga por hacer estos deberes. Y aunque quisiera quejarme, prefiero seguir manteniendo una buena relación de trabajo con todos. Así que decido quedarme un poco más de tiempo callada para no crear conflictos en la oficina.
He trabajado para el señor Eduardo desde hace alrededor de dos años y medio. Tiene veintiocho años. Lo conozco a la perfección, aunque en el fondo desearía no hacerlo. Es fastidioso y bastante quisquilloso en cualquier sentido, aunque él es quién le pone sazón a la empresa, creando cualquier tipo de dinámicas para que sus empleados estén totalmente contentos. Y, tengo que destacar su estúpida obsesión por la pasta. No se que demonios le ve, pero sigo pidiendo domicilios diariamente para pastas con cualquier tipo de aderezos para el. Desde hace mas de dos meses que solo pide eso, y me asquea tener que hacerlo. Quisiera obligarlo a comerse una gran hamburguesa con todo. Pero allá el... Yo solo soy una secretaria que piensa más allá de su deber.
Quizá sea yo quien tiene hambre en este preciso momento. Olvide desayunar. Pero puedo aguantar un poco más.
Dejó una mano sobre mi estómago y suspiro intentando calmar los mareos que me embriagan por un momento poniendo el lugar de cabeza.
Ada. Así me llamo. Es un nombre corto, pero bastante complicado en el momento de describirlo el porqué de el. Siempre creen que me llamo así por una linda película animada, o porque a mi mama le gustaron las hadas, y no encontró mejor nombre para mi, que ese. Estudie en Oclacyom, la ciudad vecina a esta. Me gradué en negocios de empresas, y algunos meses después hice un curso de asistente en publicidad. Y me refirieron a esta gran empresa.
Vivo sola en un pequeño departamento bastante lejos de aquí. De solo pensar en todos los colectivos que debo tomar me duele la cabeza nuevamente, ya que por desgracia aun no tengo auto, porque, el sueldo no me ha dado para cubrir tantos gastos. Desde los míos, hasta los gastos de mis padres y la incapacitante enfermedad que padece mi padre.
Hablar sobre ello es difícil, e intento no sentir tantos sentimientos al respecto, reprimiendo todo lo que en realidad siento. Pero, es delicado. Y aun mas cuando vez la tristeza en sus ojos por estar en una silla de ruedas desde hace mas de cinco años. Sin tener suficiente para una operación porque hay otros gastos que pagar. Como la comida, el arriendo de mi apartamento, mi ropa, la de ellos, sus gastos personales, los servicios eléctricos, agua, y mucho más.
Mis padres son lo único que tengo, no cuento con absolutamente nadie más, y ellos por supuesto solo conmigo. Así que jamás voy a dejar de darle cualquier cosa que necesiten. Así deba agarrar transporte público por mas años en esta ciudad. Ellos viven en Toshbill. Un pueblo retirado lejos de Damasc, que es donde resido ahora gracias a mi trabajo, y no me quejo. Me gusta muchísimo.
/0/9583/coverorgin.jpg?v=60c7026f142109987eba81fa457ab426&imageMogr2/format/webp)
/0/11730/coverorgin.jpg?v=1d71df0bfc38bcbf19d6ced162d4f08a&imageMogr2/format/webp)
/0/14934/coverorgin.jpg?v=e52d6d74f3734a827d045bbe087a7ee1&imageMogr2/format/webp)
/0/13141/coverorgin.jpg?v=5c4cc54b3652e66f4e5f6ba9fd8818ef&imageMogr2/format/webp)
/0/16922/coverorgin.jpg?v=e429652abf52821be9042e6325d5ab68&imageMogr2/format/webp)
/0/9678/coverorgin.jpg?v=4a83c1b78e7cc5641333a88c3b2efaf3&imageMogr2/format/webp)
/0/10712/coverorgin.jpg?v=e01da2938548ebc6b4c6f6ae2e8bbdbf&imageMogr2/format/webp)
/0/14429/coverorgin.jpg?v=86c959cafc61a1138737bb8c14b1a342&imageMogr2/format/webp)
/0/17807/coverorgin.jpg?v=2563bf81edc237264c0afeaa0cad1b23&imageMogr2/format/webp)
/0/16479/coverorgin.jpg?v=3668c28812ae0fffeb6e5af047c5183c&imageMogr2/format/webp)
/0/15620/coverorgin.jpg?v=34c12bfcec73583faf9f504db52673e8&imageMogr2/format/webp)
/0/14849/coverorgin.jpg?v=eaea8499bb5b5934c29a77064b6f2a37&imageMogr2/format/webp)
/0/10821/coverorgin.jpg?v=36c52411205f671ff67af5779e61ba82&imageMogr2/format/webp)
/0/11467/coverorgin.jpg?v=eafdefd2aed2df80ae651d5b255a06f8&imageMogr2/format/webp)
/0/7240/coverorgin.jpg?v=8ab436c74892e222dfe90a543af34310&imageMogr2/format/webp)
/0/14774/coverorgin.jpg?v=11343cf78a79ca9530b073cd1a371321&imageMogr2/format/webp)
/0/9831/coverorgin.jpg?v=643a8ffe4a2396df279b10bc1949e55e&imageMogr2/format/webp)
/0/12957/coverorgin.jpg?v=463666eacd3c7605e60935b815d72759&imageMogr2/format/webp)
/0/12131/coverorgin.jpg?v=8f8f72d6c09ea32a9921c5faebb8b399&imageMogr2/format/webp)
/0/15547/coverorgin.jpg?v=20250226153423&imageMogr2/format/webp)