Alpha Ikender
olo quienes poseen un co
les y hadas existían, inclusive que había una especie de hada llamada Limberems, estás pequeñas
d en mi sistema como para romperme, como para entrar a un punto sin retorno en mi mente, quizás la locura era mi única salida, y me aterraba que fuese así, libertad, olvidé como se sentía, olvidé como
ibre? Tantas ocasiones fallidas de escape, tantos horribles castigos que mi cuerpo terminaba no soportando, estaba tan acostumbrada al dolo
ntraba por la pe
tocar una de las quemaduras que dejó la colilla de cigarrillo alrededor de mi clavícula. Pensé que está vez sería distinto, pensé que el señor Vögel cuidaría de mí, cuidaría lo que ese hombre robusto siempre provocaba en mi cuerpo. Pero no fue así, lo habían vuelto a hacer, las veces que quisieron cada uno, estaba realmente cansada, no sabía cuánto más podría resistir. Me arrast
llo y fuerza, ahora la Malena estaba ceniza, sin vida, débil. Me coloqué un vestido gris, la mayoría eran cortos, lo único diferente en este es que tenía mangas hasta los codos. Andaba desca
tremecen hasta lo más profund. Bajo con cuidado las escale
rmite respirar con tranquilidad, aunque cada que lo hago mi
, así que más vale no intentes algo, o ya sabes cuál será el casti
molestarme que te queme con sus cigarrillos. Tu dolor debe ser mío solamente - su dedo índice hace un peq
saliendo de la habitación, encerrándome. Aunque deseara escapar no puedo h
or qué me
necesitaba dinero, pude haber trabajado, pude
erminar tomo mi pequeña recompensa. Una manzana verde pequeña. Doy pequeños mordiscos y bebo agua con cada uno, de esta forma me siento un poco m
. No sé cuánto tiemp
xton siempre carga con las llaves, una pequeña última oportunidad, un último aliento, un último intento. Si fallo, espero que el castigo sea tan gran
el único jarrón que hay en toda la casa, lo tuve que sacar de su habitación, un florero de cerámica pesada con pinturas en el. Cierro mis ojos y respiro en un intencerrar la puerta. Rixton cae quejándose al suelo, un jadeo nervioso abandona mi garganta al precipitarme tomando las llaves del suelo. Giro sobre mis
e puedo. Estoy saliendo por la barda de enfrente cuando lo veo golpear intensa
ondo una última vez. -No volveré-mi grito se pierde entre la oscuridad. Paso árboles, ramas, no me detend
. Nunca había salido de la casa, no se exactamente cuánto llevo corriendo lo único q
a hacía la libertad, la única vez que recuerdo e
bos
enorme
rueda por una loma, hago esfuerzo por detenerme clavando mis uñas en la tierra, chillo, me quejo, lloro cuando siento algo enterrarse a un costado de mi abdomen y por fin me detengo. Toso sa
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esadamente, los rayos del sol me pegan directo, giro mi cabello tratando de evitarlos.
ele el cuerpo, aún más que ayer. Trago saliva cuando veo mi costado. Hay un pedazo de rama incrus
y con la poca fuerza de voluntad que me queda, con un fuerte tirón saco el trozo de rama. Un grito sale de mi garganta
por él. Conforme pasan los minutos mis piernas se empiezan a entumecer, el viento frío parece quemar mi piel. Las
Ví
ento tristeza, y a la vez, me siento libre. Camino entre las vías tratando de encontrar su final, o al menos un pueblo, una casa, alguien. Mis pies sangran, perdí los únicos zapatos en mi huida
ir, para morir en paz,
minar así, quizá
mi nariz. El viento me acarició suavemente, los rayos del sol calentaron
día con día, semana, mes, y año, terminaron. Se escaparon como humo en la nada.
mpactar conmigo. No volvería a
el capítulo. No olvide
as por