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Matrimonio por contrato con mi jefe

Matrimonio por contrato con mi jefe

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Capítulo 1 1

Palabras:921    |    Actualizado en: 08/01/2025

e marcharon en un Ford descapotable de los años sesenta y finalmente llegaron a la casa de Lionel. Tan pronto como pisaron el suelo, él la

ró para seguir avanzando-. Se supone que

vista para fijarla en ella. Le resultó... ¿Bonita? Supuso que ese era un adjetivo acor

pero ya era tarde. Lionel la tomó entre sus brazos y la recostó sobre la pa

ojos para dar

mujeres de verdad -se burló, pero no e

ió más pálida de lo normal y retrocedió un paso, luego otro. Lionel se limpió

on brusquedad. Poco a poco, Alexa pudo sentir que el oxígen

jándola al suelo. Se limpió el saco, como si ella lo hubiera ensuciado, y se dio

gritó a todo pulmón. Lionel se gir

próximo mes te daré más, ahora vete.

a y los ojos llenos de sufrimiento. Él le lanzó una sonrisa ladina mientras

rme miembro frente a ella-... mételo en tu boca... -canturreó divertido. Lione

na encomienda urgente –murmura Lionel obser

sumamente bajo. Aunque hay un volumen

e acercaba a la chica. Alexa, lo observó pe

?", se pregu

instante la capacidad para

un vespertino, mujeriego, estafador y... un

Tan solo treinta centímetro los separaban. Alexa, tragó saliva en seco nervioso por la cercanía de aque

... ¡contrólate Alexa!

e hablaba y giraba en torno a ella. Pero esta vez, se frenó

... -respondió

ó y ella ascendiendo. Sabía perfectamente como era su apariencia, n

para buscarle una esposa? –preguntó, co

ctamente profesional, no me interesan sentimentalismos ni nada por el estilo. Quiero

preguntó para ir anotando y pr

n respingo observándolo mal –es broma,

resa "¿Cuarenta mil dólares?", se preguntó en silencio.

confuso, al ver la reacción de

dio la vuelta. Cuando estaba a punto de sal

lvidé la reunión s

su recepción –comentó con profesionalismo y el estar contento. Se acercó y por prim

or –comentó y s

o podía evitar pensar: "te

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Matrimonio por contrato con mi jefe
Matrimonio por contrato con mi jefe
“Después de unas horas fingiendo amor frente a su jefe y de un pico después de decir "acepto", la noche pasó sin ningún otro contratiempo. Se marcharon en un Ford descapotable de los años sesenta y finalmente llegaron a la casa de Lionel. Tan pronto como pisaron el suelo, él la observó con aburrimiento y se giró para irse a dormir. No le gustaba estar rodeado de personas, a menos que fueran bailarinas en poca ropa. -¡Oye! -protestó Alexa, pero él no se giró para seguir avanzando-. Se supone que estamos casados -murmuró temblorosa. Finalmente, él se detuvo y Alexa se acercó a pasos firmes, rodeándolo. Lionel bajó la vista para fijarla en ella. Le resultó... ¿Bonita? Supuso que ese era un adjetivo acorde a esa mujer, aunque le parecía insoportable y aquello restaba la belleza que poseía. -¿Qué? ¿Quieres acostarte conmigo? -preguntó él. Ella levantó una ceja para negar, pero ya era tarde. Lionel la tomó entre sus brazos y la recostó sobre la pared. Una mano detrás de su cintura bajó hasta sus glúteos y los apretó. Alexa rodó los ojos para darle un empujón. -Al cabo que ni quería... puedo cogerme mujeres de verdad -se burló, pero no esperó recibir un cachetazo de la dama. Alexa observó sorprendida la mejilla roja de su ahora esposo. Su piel se volvió más pálida de lo normal y retrocedió un paso, luego otro. Lionel se limpió un hilo de sangre que caía en la comisura de sus labios y la observó furioso. Era raro verlo así. Corrió a su lado y la tomó del cuello con brusquedad. Poco a poco, Alexa pudo sentir que el oxígeno no pasaba por su garganta y que estaba quedándose sin aire. -P-por favor... -suplicó, pero Lionel siguió presionando hasta que la soltó arrojándola al suelo. Se limpió el saco, como si ella lo hubiera ensuciado, y se dio la vuelta. Alexa, perpleja por haber sido estrangulada por su esposo, se levantó. -¡Soy tu esposa! ¡Te guste o no! -gritó a todo pulmón. Lionel se giró, buscó algo en su bolsillo y dijo: -Bien. Ten, son diez mil dólares. El próximo mes te daré más, ahora vete. No me interesa tenerte en esta casa. -Somos marido y mujer. Merezco y debo estar aquí -susurró con la voz quebrada y los ojos llenos de sufrimiento. Él le lanzó una sonrisa ladina mientras avanzaba, pero ella, a pesar de temblar por ese hombre, no se dejó intimidar. -Entonces... -comentó mientras bajaba el cierre de su pantalón, sacando su enorme miembro frente a ella-... mételo en tu boca... -canturreó divertido. Lionel se rió de la desgracia de aquella mujer. Y ella lo sabía.”