bargo, Isabela, parada en una esquina con su vestido blanco perfectamente ajustado, era una silueta solitaria en medio de
los pasillos del lugar, junto a Camila. La mujer, enfundada en un vestido
ue ya no puedes estar lejos de mí? -preguntó Cam
na mano por su c
estar ahí con ella? Esto es
más, colocando una
eja de fingir por los demás. Mereces se
stino. Sin mirar atrás, tomó a Camila de la mano y salieron discretamente del
iales y los medios de comunic
sposa en pleno día de boda para ir
tiel: La espo
en el matrim
abía qué era más doloroso: las miradas de los empleados del hotel al llevarla allí
otel en el centro de la ciudad, riendo como si fueran la pareja perfecta. Camila, siempre impecable, se asegur
e la recepción del hotel, escuchó el bullicio
iene que decir sobre el c
atrimonio fue un arre
nfrentar esta hu
ceder al escándalo solo empeoraría las cosas, pero el dolor era casi insoporta
rdo y Camila disfrutaban de una cena priv
lir? Esto es lo que merecemos, Leo, v
asintió. Pero en el fondo, algo en su pech
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