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Mi Salvador me Daña

Capítulo 1 

Palabras:505    |    Actualizado en: 20/06/2025

. Cada segundo de espera era una pequeña tortura. Mi mano temblaba, aferrada al viej

na voz cortan

uieres,

usurraba secretos al oído en los viñedos

tentando que mi v

r tu abuela.

Un silencio pesado, car

asa con

ha llamado... dice que le que

nada mejor que hacer que seguir met

eó, pero ya estaba a

llamara. Sabes que s

la gente para conseguir lo que quieres", escupió él.

umedad de mi pequeño y miserable apart

or diner

o, Sofía. Todo lo que

rga escapó d

susurré, más par

stante, creí oír una fisura en su armadura

n de Atocha en una ho

lg

e importara. Él ya había decidido quié

la mirada era una extraña. Pálida, delgada, con ojeras que hablaban de noches sin dormir

edera de una fortuna en viñedos reduc

icio de la estación era un caos de gente yendo y vi

impecable en su traje a medida. Mateo Reyes, el presidente

adas de la gente sobre mí. La dife

corrieron de arriba abajo. Vi la sorpresa

su voz un murmullo hela

ja y raída mochila. Simplement

ueles a

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Mi Salvador me Daña
Mi Salvador me Daña
“Mi abuela se moría y tuve que llamar a Mateo Reyes, mi amor de la infancia convertido en magnate, para una ayuda que sabía que no me daría. Su primera frase fue un gélido "¿Qué quieres, Sofía?", y al verme en Atocha, sentenció con desprecio: "¿Qué te ha pasado? Hueles a pobreza." Su prometida, Isabella, me humilló sutilmente en la mansión, luego los prestamistas me golpearon y amenazaron con revelar mi secreto: la cicatriz de una subrogación desesperada en mi abdomen. Mateo, ciego a mi dolor, me rechazó: "Deja de actuar. No soy tu salvador." La culminación fue la gala benéfica, donde fui públicamente expuesta y humillada, culminando con la "accidental" bebida derramada sobre mí por Isabella. ¿Cómo el hombre que me había amado podía odiarme tanto, sin ver el sacrificio que había hecho para salvar a mi familia? Mi cicatriz, el testamento silencioso de mi miseria, era invisible para él, y mi alma sangraba bajo sus golpes de desprecio. La muerte era mi única salida. Tras una silenciosa despedida a mi abuela, dejé una nota y me perdí en el abrazo oscuro de la noche de Madrid. Sofía Vega, la heredera arruinada, había muerto esa noche.”
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