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Promesas Eternas Ardido en Cenizas

Capítulo 3 

Palabras:414    |    Actualizado en: 20/06/2025

do las cenizas en el

r algo, pero en ese mo

So

u voz suavizándose al instante.

í, su breve momento de

Feria de Abril

tro bien, Jav

estado en la Feria. Quiero que la vea

que yo fuera la espectado

ca que te regalé el año p

o prometiéndome que sol

dolor en el tobillo era una tortura, per

de amigos suyos, gente de

na silla, como a

illo vestido blanco. Parecía un

", gritó uno de lo

de cartas. La pr

perdedores fuero

ió y rio. "¡Bes

la besó. Un beso largo, apasio

Sentí una mano en

do nada? Le he traído un pla

plato en

ro sabes que soy al

erfecta expresión de sorpresa. "No

taba lleno de gam

ta empezó a picar. Se me

violentamente. Empec

ier. "Javier... ayud

upado, riendo con Sofía, ce

quiso

s. Los colores de la feria s

cimiento fue a Javier, dándome la espald

de albero d

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Promesas Eternas Ardido en Cenizas
Promesas Eternas Ardido en Cenizas
“Era nuestro quinto aniversario de bodas. Javier había reservado la mesa más romántica de Sevilla, con vistas a la Giralda. Pero su silla permaneció vacía. A medianoche, recibí un mensaje hiriente: "Algo importante surgió en el trabajo". Sabía que era una mentira. Su "trabajo" tenía nombre: Sofía Vega. La misma "inocencia" que lo fascinó se convirtió en mi pesadilla más oscura. Las traiciones de Javier escalaron sin pudor. Lo vi exhibirla en galas, reemplazando la pintura de mi madre por un tosco boceto de ella. Intentó humillarme con mi propia reliquia familiar. Luego vino la violencia física: me empujó por las escaleras, fracturándome el tobillo. Sofía se instaló en mi casa como mi "asistente personal", su "torpeza" un arma calculada. Me sirvió té hirviendo. Me dio paella con mariscos, sabiendo mi alergia, provocando un shock anafiláctico. Mientras yo convulsionaba, Javier la abrazaba a ella y me exigía disculpas por "asustarla". Pero el culmen de su sadismo llegó al drogarme y robarme un riñón para salvar al abuelo de Sofía. El dolor físico era mínimo comparado con la violación de mi cuerpo y de mi alma. Mis doce pergaminos de amor, mis promesas eternas, ya habían ardido en cenizas. ¿Cómo pudo el hombre que una vez me juró amor transformarse en este monstruo sin límites? En aquel acuerdo de divorcio, no vi una derrota, sino la única vía de escape. Firmé, no como aceptación, sino como mi última declaración de libertad. Y, como una sombra desaparecí de su vida, rumbo a un nuevo comienzo en la inmensidad de la Patagonia. Lo dejé con la mujer que había elegido y con las consecuencias de sus actos. Mi libertad era la única venganza que valía la pena.”
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