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Cuando la Verdad Duele Más que la Traición

Capítulo 1 

Palabras:519    |    Actualizado en: 25/06/2025

, el cielo de la ciuda

a

esta celda, esper

mar de rostros llenos de odio. Susurros c

mon

gra

tal

n, mis ojos estaban f

te

pálida. El traje negro que llevaba no podía ocultar lo delgado que se había

usé la pluma que me regaló, grabada con el escud

per

dre, Doña Isabel. Sus tíos, su

ertos po

che estaba fuera cerrando los detalles de nuestra fi

oz era un eco ronco de la que yo record

la justicia exige la verda

ojos se encontraron. Los suyos, que una vez me miraron con un amor q

de blanco le puso una mano

rl

do mi hogar. La mujer que ahora se aferraba a mi

uien le di

la abrió. Dentro, sobre un lecho de terciopelo negro,

ateo, su voz resonando en el

para revelar los recuerdos más profundos. Obliga al que la

r frío que no había sentido ni siqui

or. Sino por

, continuó Mateo, acercándose a mí, "pero no me impor

ron con fuerza, abrien

ta, sus dedos temb

ia", susurró, su alie

la garganta, obli

ego helado recorrió mis venas. La sala del tribun

ntonces, la primera memoria e

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Cuando la Verdad Duele Más que la Traición
Cuando la Verdad Duele Más que la Traición
“El día de mi sentencia, el cielo estaba gris y el aire, pesado. Llevaba un año en esa celda, acusada de un crimen atroz: el asesinato de la familia De la Vega, la misma que me salvó la vida y me dio un hogar. La sala del tribunal era un hervidero de odio, susurros de "¡Monstruo!" y "¡Mátala!" me perforaban el alma. Mateo, el único superviviente, se erguía ante mí, sus ojos antaño llenos de amor, ahora ardían con una furia helada. Me obligó a tragar la "Lágrima del Alma", una planta ancestral que revela los recuerdos más profundos. La primera visión, proyectada para que todos la vieran, mostró cómo el joven Mateo me encontró moribunda en un callejón y cómo su familia, con Don Alejandro y Doña Isabel a la cabeza, me acogió y me amó como a una hija. La multitud estalló en gritos de indignación, confirmando su veredicto: yo era una serpiente ingrata que mordió la mano que la alimentó. El odio de Mateo se profundizó, y Carla, la dueña de la minera que destruyó mi aldea, susurró veneno a su oído, calificándome de pura oscuridad. ¿Cómo podía alguien que recibió tanto amor cometer tal atrocidad? ¿Era yo realmente un monstruo, incapaz de sentir gratitud? Pero mi silencio, impuesto por un veneno que Carla me había inyectado, ocultaba una verdad mucho más compleja. Mateo, atormentado, exigió más, sin saber que cada recuerdo revelaría no solo mi historia, sino también la siniestra manipulación detrás de la tragedia que nos destruyó.”
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