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El Heredero Inesperado del Viñedo

Capítulo 4 

Palabras:539    |    Actualizado en: 25/06/2025

el anunc

da la familia y a los trabajadores

gancia restaurada. Isabella colgaba de su brazo,

ayas terminado con tus juegos. Tu vestido es demasiado simple. P

a responder, intent

mi lado. Es do

no firme de

nosotros, su cuerpo era

contigo", dijo Mateo, su voz

enerme?", espetó Ricardo. "¡Qu

eligió", respondió

aba a punto de explotar cuando la vo

fici

rcó, su mirada era

s decepcionado

un notario que e

s comun

la garganta y desdobl

a el compromiso matrimonial entre la señorita Sofí

ara de Ricardo pasó del rojo de la

o!", gritó. "¡Ella me ama a mí! ¡

speración, sus o

nte y tomé la

la confirmación que

como si hubiera rec

él? ¡Es un nadie!

una seña al notario

egundo co

tomó otro

primogénito, nacido de una unión anterior a su actual matrimonio. Como tal, a par

que siguió f

a su padre, su mente lucha

el capataz silencioso,

había

mano mayor y usó ese secreto para humillarlo y asegurarse de qu

so una mano en e

mío. Esperaba que encontraras una mujer digna de ti y de nuestro legado.

cifrar. Se acercó y, con una ternura que nunca había conocido

e, pero que si

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El Heredero Inesperado del Viñedo
El Heredero Inesperado del Viñedo
“Soy Sofía, la última guardiana de la Uva Corazón, y mi mano debía elegir al heredero del vasto imperio vinícola Del Valle. En el aire de la Fiesta de la Vendimia, todos esperaban que mi elección recayera en el arrogante Ricardo, el tercer hijo del patriarca. Pero él, con una sonrisa petulante y su amante Isabella, se atrevió a proponer un matrimonio público que humillaría mi existencia. Ante la multitud, Ricardo solicitó mi mano, afirmando que Isabella sería su verdadero amor, aquella a quien mantendría a su lado, mientras yo sería solo la dueña de la hacienda. Su gesto era un eco venenoso de mi vida pasada, donde lo elegí por un amor falso, solo para que él destruyera mis tierras ancestrales y me dejara morir sola, llamándome "salvaje". Las miradas de complicidad entre Ricardo e Isabella, los murmullos de la gente sobre su supuesta pasión, encendían una ira fría en mi alma. ¿Creía de verdad que la Sofía que él conocía, la sumisa y ciega, regresaría para acatar su desvergonzada farsa? Se equivocaba, porque esa Sofía ya había muerto, y el destino me había dado otra oportunidad para reescribir esta tragedia. Con una calma que heló a la multitud, ignoré la mano que Ricardo me tendía y, con la vista fija en otro hombre entre los asistentes, anuncié mi verdadera elección: "El hombre que elijo como esposo es Mateo".”
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