“Con la voz gélida de mi padre, una orden se clava en el aire, punzante: "Al otro lado de esa puerta está el hombre con el que te vas a casar". Un escalofrío me perfora la médula, helando mi sangre. De repente, el rompecabezas de mi pesadilla encaja con una claridad brutal. El vestido, tan inmaculado como misterioso, colgando en mi armario. La invitación, aparentemente inocente, ahora se revela como una sentencia. Esto no es una cena. Esto es mi boda. ¡Mi maldita boda! El resonar sordo de las puertas al abrirse es el tañido de una campana fúnebre. Y allí, irguiéndose sobre el altar, una silueta imponente, esculpida en músculo y tatuajes, una amenaza palpable, se alza. Luca Vitiello. El monstruo que he maldecido desde que mi lengua pudo articular su nombre. Es más viejo, con una frialdad que congela el alma, desesperado por un heredero. Y yo, la ofrenda envuelta en seda, soy el sello de una alianza empapada en sangre. Mi destino, sellado. Mi vida, consumida.”