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La Maldición Fatal de Mi Familia

Capítulo 3 

Palabras:691    |    Actualizado en: 02/07/2025

n cinc

e y yo seguíamos viviendo en la misma casa, pero éramos dos extrañas compartiendo un tec

los de un fantasma. Se había vuelto más delgada, más pálida. Su silencio ya no era

gradué, conseguí un trabajo como diseñadora gráfica. Pero el

ra. Recordaba los domingos en el parque, los tres juntos, con mi madre sonriendo mientras nos miraba. En esos recuerdos, ella no h

que ningún otro. Un secreto que no le conté

a mañana. Estaba de pie frente al fregadero, con el grifo abierto, mirando fijamente el agua correr. Cuando lo ll

í?" , me pregun

os, como los de un sonámbulo. Decidí no decirle nada a la policía porque n

o me atormentaba. ¿Qué

imiento, miedo y una extraña y retorcida lástima. La veía moverse por la casa como una

es, lleg

. Tenía una sonrisa que podía iluminar la habitación más oscura, y por prim

obre el silencio de mi madre. No le conté sobre el susurro, ni sobre la ley

mi ancla a la realidad. Me hizo re

conocernos, me p

yo solía ir con mis padres, con un a

do de felicidad. "Sí,

o Roberto, sus padres y mi madre. La idea me llenaba de una ansiedad terrible. Ju

de la cena, n

le dije a Roberto por te

su calma habitual. "Tu madre estará feliz por ti. V

l fondo de mi corazón, una alarm

nto de poner a la persona que más amaba en la mi

a segunda frase estaba a

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La Maldición Fatal de Mi Familia
La Maldición Fatal de Mi Familia
“En mi casa, se vivía en un silencio sepulcral, el de mi madre, María, una mujer que nunca pronunciaba una palabra. Pero ese silencio se rompió cuando yo tenía diecisiete años: una tarde, mi madre le susurró algo al oído de mi padre, y al día siguiente, él cayó misteriosamente desde el piso treinta de un rascacielos. La policía lo llamó accidente, pero yo sentía una verdad fría y oscura. Cuando confronté a mi madre entre gritos de dolor, ella solo escribió en una nota: "Era su destino", y me mostró una sonrisa torcida, escalofriante, que heló mi sangre y me hizo odiarla. Cinco años después, cuando Roberto, mi prometido, trajo amor y esperanza a mi vida, la pesadilla se repitió: en la cena de compromiso, mi madre le susurró, y él cambió, sus ojos se vaciaron. Un periódico local expuso nuestra tragedia, y mi madre, para protegerme, dejó una nota prometiendo revelar la verdad en Alborada, el pueblo de mis ancestros. Pero antes de partir, su voz me alcanzó por teléfono, rota por el pánico: "Él... me encontró... El abuelo...". Y luego, un golpe seco. Al mismo tiempo, Roberto, mi amado Roberto, cayó desde el tejado de su oficina, sumiéndose en coma. Todos me tildaron de loca, de conspiranoica, pero yo sabía. No era una maldición, sino una advertencia, una verdad oculta que mi madre intentó desvelar, y que ahora yo estaba decidida a encontrar. Sola, conduje hacia Alborada, el corazón lleno de la promesa de vengar a mi familia y de desenmascarar al "abuelo" que, según mi madre, controlaba la vida y la muerte.”
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