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La Tristeza Del Fantasma

Capítulo 4 

Palabras:1134    |    Actualizado en: 04/07/2025

aben que mantener mi nombre en el ojo público es peligroso para ellos. Necesita

xto es recaudar fondos para un hospital infantil, pero el verdadero propósito es presenta

eriodistas, empresarios. Isabella lleva un vestido deslumbrante, el diamante de Rica

ro consiguieron pases de prensa gracias a un amigo period

e, Ricardo toma un micrófono

resonando con falsa calidez. "Esta noche es especial por muchas razones,

a que suba con él. Ella lo h

n fingida. "Pero su fuerza y su corazón puro la han guiado hacia la luz. Y yo soy el hombre más afortunado del mundo porque

s de personas y cámaras. Es una trampa perfecta

se queda paralizada. Sus ojos recorren la sala y, por un insta

.. yo..."

serva con intensidad. Sabe qu

de. Su mirada se fija en Sofía, y en el rostro de la joven bailaora ve una réplica

urra Isabella,

unce el ce

o. La multitud murmura, confundida. "Lo s

illo y se lo p

ena a excusa, sino a una verdad que se ha abi

nte a través de la multitud atónita, de

na pequeña y enterrada parte, todavía me es leal. O quizás, le es leal al

bian una mirada de aso

ahora silenciosa, la confrontación

millarme así?!", grita Ri

"¡Sentí... sentí que él estaba allí, mirándome!

e!", ruge Ricardo. "¡Son solo tus nervios! ¡Esa

nando fuerza. "Tal vez algo le pasó. Tal vez de

fetea Ricardo. Un g

on una mezcla de miedo y odio. El encanto de Ricardo se ha de

tú caes conmigo. Así que deja de actuar como una santa arrepentida. Mañana por la mañana, le d

ponde, solo llo

l día siguiente, no habla con la prensa. Se encie

no, su voz temblorosa. "¿Qué pasó realmente con Miguel después

ir su nerviosismo a través del teléfono. "Se levantó, nos ins

abella. "Hay algo que

llaves de uno de los coches, uno que Ricardo no usa

del accidente. Va a busca

arrastrado por su repent

so y lúgubre. El coche destrozado ya no está, se lo ll

ente, usando la luz de su teléfono par

rra en la oscurid

algo duro. Apunta

o en la tierra y las hojas. Y justo al lado, brillando

la mano temblan

ipción en el interior es inconf

verdad, fría y horrible, está justo delante de el

nte se resiste. La negaci

broma. Una broma de mal gusto de Miguel. Dejó esto aquí para

o monstruosa para soportarla. Pero el anillo en su mano es una prueba irre

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La Tristeza Del Fantasma
La Tristeza Del Fantasma
“Floto en el aire, una sombra sin peso, y observo la escena que se desarrolla debajo de mí. Isabella, mi esposa, acuna a un bebé recién nacido en sus brazos, su rostro iluminado por una felicidad que nunca le vi mostrar conmigo, ni siquiera en nuestros mejores momentos. Ricardo, su amante, el hombre por el que me dejó morir, le rodea los hombros con un brazo, sonriendo como un rey. Amigos que una vez fueron míos y familiares que me llamaban "hijo" celebran la llegada de este nuevo niño, el fruto de una traición. Cada palabra es un eco hueco en mi existencia fantasmal, burlándose de mi memoria. Me tildan de "bailarín bueno para nada", que solo sabía "zapatear y soñar", sin entender lo que una mujer como Isabella necesitaba: "riqueza, seguridad, un hombre de verdad". Ella finge melancolía, preguntándose dónde estaré, mientras Ricardo la consuela, diciendo que si regreso, tendré que arrodillarme y pedir perdón por haberla "abandonado". ¿Pedir perdón yo? ¿Por haber sido traicionado y dejado a mi suerte? La crueldad de sus palabras me deja helado. Recuerdo la noche del accidente: la lluvia torrencial, mi coche derrapando. Descubrí sus mensajes con Ricardo, y ella conducía, tensa. El coche se estrelló. Sentí un dolor agudo, y cuando abrí los ojos, Isabella, ilesa, me miró sangrando sin piedad. Ricardo llegó, y juntos se fueron, dejándome morir en la oscuridad del barranco. Mi alma se desprendió de mi cuerpo en ese instante, condenándome a presenciar su felicidad construida sobre mi muerte. Isabella jura que Ricardo fue su "salvador", que su amor la "curó", minimizando mis sacrificios: haber vendido mi estudio de baile para pagar su tratamiento cardíaco experimental, la donación de hígado para su padre. Borra cada rastro de mi amor, reescribiendo la historia para ser la víctima y heroína de su propio cuento de hadas, una mentira tan descarada que me inunda una furia impotente. Pero entonces, algo cambia. Una joven bailaora, Sofía, descubre una vieja grabación de mi última actuación y murmura: "Era un genio... Nadie sabe qué fue de él". Isabella intenta desacreditarme, pero la semilla de la duda ha sido plantada en Sofía. Y en ese instante, siento una extraña calma. Quizás, solo quizás, no estoy solo en esta lucha por la verdad. Mi arte ha sobrevivido, y a través de él, mi legado. Mi alma encontrará la paz, pero primero, la justicia hallará su voz. Y esa voz, siento, podría ser el zapateado de esa joven bailaora.”
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