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Venganza De Las Mujeres

Capítulo 2 

Palabras:857    |    Actualizado en: 07/07/2025

te mujeres, bajo la dirección tranquila de Sofía, se movieron con una eficiencia brutal. No estaban simplemente empa

, contratos y pruebas que había estado acumulando sigilosamente. Camila y Andrea, la estudiante de doctorado, se encargaron de las obras de arte, descolgando cuadros de Rivera y Kahlo de las paredes. Daniela, la médica, vació el botiquín de medicinas importadas y c

lado, malinterpretó por completo la escena. Vio las cajas, las cami

Sabe que no puede luchar, así que se lleva sus cosas y a sus amiguitas. Una

ó en su mente. La escala de la operación parecía

u bolso, una Montblanc de oro que el propio Rodrigo le había regalado en un aniversario olvidado, y firmó el documento co

trándola allí, su arroganc

hica. No te preocupes, me aseguraré de que

dedicó una sonrisa que no co

Rodrigo. No nec

dio la vuelta para irse. Rodrigo la agarró d

puedes vivir del aire? Sé realista,

agarre con una fac

Rodrigo. Creer que

mo y su amor, una palabra vacía que usaba para conseguir lo que quería. La primera infidelidad dolió. La segunda, la tercera, la cuarta... cada una fue un golpe que fue matando algo dentro de ella. Luego vinieron las "damas", mujeres que traía a vivir a su propia casa, una humillación

Lorena se acercó a ella, bloqueándole el paso.

iento de la señora Herrera para mí. No te preocupe

casi vacía. Las otras siete mujeres ya es

bierta de un sedán de lujo, le gri

rigo que revise el estado de las acciones de Herrera Corp. mañana p

l ceño, sin ente

habla e

asó a su lado, sin

dadero amor'", dijo en voz ba

esconcertado y a una Lorena triunfante pero inquieta, parados en el umbral de un imperio que, sin que ellos lo supiera

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Venganza De Las Mujeres
Venganza De Las Mujeres
“La partida de póker era todo un ritual, un silencio tenso roto solo por el suave chasquido de las fichas en la lujosa mansión Herrera. Justo entonces, la puerta se abrió de golpe y mi esposo, Rodrigo Herrera, entró con una sonrisa depredadora, presentándome a Lorena, su "único y verdadero amor". Frente a todas, incluidas sus otras siete amantes, las "Siete Flores de Oro", Rodrigo arrojó sobre la mesa un acuerdo de divorcio, exigiéndome que lo firmara. Luego, con una crueldad que helaba la sangre, ordenó a las siete mujeres, que habían vivido de su "generosidad", que se convirtieran en sirvientas de Lorena, humillándonos públicamente. Lorena sonreía con suficiencia, gozándose de nuestra degradación, ajena a que su triunfo sería efímero. Las otras mujeres intercambiaron miradas, su aparente sumisión ocultaba un sarcasmo feroz. Rodrigo, frustrado por su insubordinación, se encolerizó aún más, llegando hasta el punto de abofetearme en mi propio hogar. Este acto fue el quiebre, el punto de no retorno. Pero lo que él no sabía es que esta no era mi primera vida. Yo ya había vivido esto, y en esa vida, su crueldad me llevó a perder a nuestro hijo, a la depresión y, finalmente, a la muerte. Ahora, con cada humillación y cada golpe, mi resolución se hacía más fuerte que nunca. Esta vez, no sería su víctima. Cuando volví a abrir los ojos, desperté el día de nuestra boda, con todos los recuerdos de mi vida pasada intactos. En ese altar, juré que Rodrigo lo perdería todo, y más. Las "Siete Flores de Oro" no eran mis rivales, sino mis aliadas, mujeres a las que rescataría de su destino. Así que, con una sonrisa helada y una Escalera de Color en mis manos, firmé el divorcio, me puse de pie y las invité a empacar. Era hora de irnos, no para huir, sino para construir nuestra venganza.”
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