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El Secreto de Ricardo y Sofía

Capítulo 2 

Palabras:864    |    Actualizado en: 08/07/2025

nsajes. Uno tras otro, una corriente incesante de notificacio

irar para saber

do y

e Sofía luciendo mis joyas, conduciendo mi coche, durmiendo en mi lado de la cama. Cada im

cardo te manda saludos, está un poco ocupado a

dará una compensación generosa por el... 'incidente'

pero no se comparaba con el vacío que sentía por dentro. Estaba hueca, vacía de

hombre imponente, el patriarca de la dinastía tequilera, acostumbrado a que e

su rostro severo suavizado por una exp

estos han sido

espo

empre lo ha sido. Pero es mi nieto, mi único hereder

ó un sobr

a que no te falte nada por el resto de tu vida. Pero no puede haber u

Por primera vez, no sentí el miedo

u dinero, Don

Piensa en tu futuro. ¿Qué

, respondí, mi voz monóto

a de amabilidad se desvaneció, revelando

an a ser las cosas. Seguirás siendo la esposa de Ricardo de nombre. Puedes v

ían de nada. Había una sola cosa que podía rom

ué un archivo de audio que había grabado hacía meses, en una de las tanta

é el

e Ricardo, arrastrando las palabras

ínatela! Pobre ilusa, creyendo que de verdad me import

ad cree que alguien como tú podría querer a una artesana m

ibles. Gemidos, el sonido de besos húmedos, palabras s

el rojo de la ira al blanco de la conmoción. I

esto estará en los blogs de chismes, en los periódicos. ¿Se imagina el titular? 'El heredero de Tequila Herradura, un pervert

rogancia, solo una derrota amarga. Las venas de su fre

ue habí

go y temblor

. Tendrás t

haber envejecido diez

compensación. No verás ni un

cto" ,

o blanco del hospital. No sentía alegrí

la fun

Rojas" , dije, mi voz sin emoción. "Y también... también los

que podía respirar. El aire aún dolía al entrar en mis pulm

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El Secreto de Ricardo y Sofía
El Secreto de Ricardo y Sofía
“Descubrí la verdad el día de nuestro tercer aniversario de bodas. No fue una sospecha, sino una certeza brutal: mi esposo, Ricardo, me engañaba con Sofía, mi supuesta mejor amiga. Los encontré en nuestra propia casa, en la habitación de huéspedes que yo había decorado con tanto amor, riendo mientras la fiesta de aniversario seguía en el jardín. La imagen se grabó a fuego en mi mente: Ricardo, el hombre por quien lo había sacrificado todo, encima de ella, semidesnudos y ajenos al mundo. No grité, no lloré. Solo salí de la habitación con una calma que no sentía, atravesé la fiesta y mi mente se puso en blanco en la carretera. Semanas después, descubrí que estaba embarazada, una chispa de esperanza ingenua. Pensé que un bebé despertaría la decencia en Ricardo, pero él solo me dio su fría indiferencia: "Haz lo que quieras, si lo tienes, mi abuelo estará contento. Más dinero para la herencia" . Me vi atrapada en un infierno silencioso, Sofía disfrutaba humillándome, enviándome fotos con Ricardo. Una tarde, mientras cruzaba la calle para comprar mis vitaminas prenatales, la vi sonreír cruelmente al volante del convertible nuevo que Ricardo le había regalado. Luego, el estruendo del motor acelerando. No tuve tiempo de reaccionar. El impacto me lanzó por los aires y un dolor desgarrador me consumió antes de la oscuridad. Desperté en el hospital, el olor a antiséptico invadiéndome. Escuché a Ricardo hablando por teléfono con fastidio: "No, el bebé no sobrevivió. Una lástima, supongo". Y luego, mientras un dolor indescriptible me invadía: "La pobre Sofía se asustó mucho, dice que te atravesaste como una loca. Deberías tener más cuidado, Ximena, sobre todo en tu estado... bueno, en el que estabas". Me dijeron que no había sobrevivido. Pero lo peor estaba por venir, la enfermera me lo comunicó con voz temblorosa: mi abuela, al saber de mi accidente y la pérdida del bebé, había sufrido un infarto masivo. En ese instante, algo se rompió dentro de mí. Todo por lo que había luchado, todo lo que había soportado, se desvaneció. Miré a Ricardo, sin amor, sin esperanza, solo un vacío helado. "Quiero el divorcio, Ricardo" . Mi voz sonó extrañamente firme. "Quiero salir de aquí y no volver a verte en mi vida" .”
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