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Mi Vientre, Su Infidelidad

Capítulo 3 

Palabras:789    |    Actualizado en: 08/07/2025

e una vida que no era la suya. Cada objeto, cada fotografía, cada pieza de cerámica que ella mism

jes de charro, doblándolos con un cuidado casi insultante y metiéndolos en cajas de cartón baratas. Sus bota

e quedarían. Ella se iría solo con lo puesto y una maleta de mano. Este lugar, con sus fan

su "exitosa carrera". Encontró una foto de su boda. Ambos sonreían, jóvenes y llenos de sueños. O al menos, ella lo est

rno a Oaxaca. Sin despedidas, sin confrontaciones. So

tó sobre la ciudad, de esas que inundan las calles y paralizan el tráfico en minutos. Lo

a atr

i el destino se estuviera burlando de ella, o

uchó la llave e

elco. Mateo. Había vuel

sacudiéndose el a

. Menos mal, así puedo pasar la noche contigo, mi amor," d

cajas. Su rostr

s haciendo?" preguntó, s

stó con una frialdad que no sabía que poseí

demasiado desorden. Pensé en guardar algunas

mento, sus ojos entrecerra

? Con la que está

misas. "Además, he estado pensando. Quizás me vaya unas semanas a Oaxaca. A ver a mis padres. El doctor

de alivio se dibujó en su rostro. La idea de tenerla

, sintiendo repulsión ante su contacto. "Ve, descansa. Mímate. Papá te cuidará bien. Y cuando vuelvas, seremos una fam

o sobrehumano para no vomitar. Estaba vendiéndole un

momento, so

extrañados. No e

ió con la mirada, una terrible pr

ada, temblando, con el maquillaje

presencia de Ximena. "No me contestabas el teléfono. Unos tipos me

su salvavidas. Mateo, torpe y culpable, le dio unas palmaditas en la espalda,

e desesperada buscando refugio en la casa de la esposa. Era

ción estaba a p

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Mi Vientre, Su Infidelidad
Mi Vientre, Su Infidelidad
“Creí que mi vida finalmente se completaba cuando el milagro de un embarazo, tan anhelado y costoso, anidó en mi vientre. Pero la alegría se hizo añicos con una notificación de Instagram que reveló a mi esposo, Mateo, el mariachi que yo había impulsado con mi herencia, en los brazos de Sofía, su joven corista. La imagen de ella sentada en su regazo, con un mensaje de "Te amo, mi mariachi", y su descarado comentario burlándose de mí, me heló la sangre. Él llegó a casa, y en lugar de remordimiento, solo hubo excusas patéticas y un desprecio cruel: "Sofía me da vida. ¿Tú qué me das últimamente? Puras quejas." Me culpaba a mí, a mi soledad, a mi deseo de ser madre, por su infidelidad. "Querías inspiración. Aquí la tienes," le dije, marcando el número de mi padre, luego el de la clínica de fertilidad para un nuevo procedimiento. "Sí, una interrupción. Nunca he estado más segura de nada en mi vida."”
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