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Mi amor, mi verdugo

Capítulo 4 

Palabras:572    |    Actualizado en: 09/07/2025

el cambio en

ostro de Miguel, la duda

propias lágrimas ahora genuinas, pero

én quise creerle. Fui yo quien te animó a ser bueno con ella. Si no lo hubiera hec

stra de la

a "traición" de Sofía, para reafirmar la nar

cio

l se transformó de nuevo en

voz dura como el acero. "La culpa fue

sa ahora contaminada con el veneno de los re

guel asintió c

a. La sangre llama. Camila, tú eres nues

familia unida en su odio

iz, construida

ón, Ricardo co

bril de

o Camila... Camila me regaló una caja de chocolates. Cuando los abrí, estaban llenos de gusanos. Ella se rio y dijo que era una broma. Todos se rieron. Menos Miguel. Él

mayo de

ue no quería que me castigaran, que seguro yo estaba confundida. Papá me gritó por primera vez. Me dijo que era una ladrona desagradecida. Miguel ya no me miraba a los ojos. Más t

junio d

bofetada. Me sangró el labio. Miguel estaba ahí. Vio todo. No hizo nada. Solo me miró con decepción. Esa noche, me encerré en mi cuarto y escuché

e había vuelto más

ba un poco m

"¡se lo inventó todo!", pe

so," murmuró Rica

a espectadora silencios

Rica

estabas e

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Mi amor, mi verdugo
Mi amor, mi verdugo
“Me llamo Sofía Rodríguez y llevo cinco años muerta. Mi familia me asesinó, pero le dijeron a todos que me suicidé. Dicen que la "hija bastarda" se volvió loca y se quitó la vida. Durante años, Internet me llamó "zorra", "ladrona", "desgraciada". Dijeron que mi espíritu maligno estaba atrapado en mi antigua habitación. Hoy, un famoso influencer paranormal, Ricardo Solís, vino a "exorcizarme" en vivo. "Esta es la casa donde Sofía Rodríguez se quitó la vida," anunció, su voz ligera, como si hablara del clima. El chat de su transmisión explotó: "¡Qué bueno que se murió!", "¡Se lo merece por arruinarle la vida a su angelical hermana Camila y por intentar seducir a su propio prometido, que es su hermano!" Mi corazón, ya inerte, no sintió nada. Pero entonces, Ricardo encontró mi diario oculto y empezó a leer. Leyó sobre el helado de fresa, sobre la promesa de protección de Miguel, el día que por fin sentí que pertenecía. Leyó sobre Camila y los chocolates llenos de gusanos en mi cumpleaños. Leyó sobre el brazalete robado y mi padre gritándome: "¡Ladrona desagradecida!" Leyó cómo Miguel me vio con el labio partido y no hizo nada. Ricardo, asqueado, luego encontró mi memoria USB con el video. El video de Camila confesándolo todo. Mi hermana adoptiva, esta "angelical" Camila, se reía mientras me apuñalaba. Luego me envolvía en plástico, dejando que me asfixiara lentamente. "Nadie encontrará tu cuerpo aquí", se escuchaba su voz, "y si lo hacen, pensarán que la loca de Sofía finalmente se rompió. Un suicidio perfecto". El video terminó, revelando un rostro deshecho de rabia, el de Miguel. El hombre que me abandonó, el que creyó cada mentira. ¡Ah, Miguel! ¡Si tan solo hubieras escuchado! Pero la verdad, como un fantasma, no puede ser silenciada para siempre. Ahora, ¿escuchará el mundo mi última advertencia?”
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