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De la Desolación a la Novia Multimillonaria

Capítulo 4 

Palabras:546    |    Actualizado en: 06/08/2025

taba allí, esperando para llevarme a casa. Lo ignoré por com

ado" de una escultura que caía. El que acab

en el camino a casa, contando chi

e sentía como una

preguntó, su voz suave

n -dije, m

qué no vamos a la subasta de Christie's esta noche? C

uapo y preocupado, y s

dinero de

pero se recup

as inversiones muy exitosas. -Se inclinó un po

e extendió por mi rostro p

, Javier.

o, lo dejaría. Les quitaría todo

ntral de la noche era un impresionante collar conocido como las "

ue lo vi, supe que

comenzar, las puertas se abrieron y e

presentimiento. Sabía, con absoluta

ja co

una voz suave desde el otr

bajó la vista, con una expr

n ademán de bajar su paleta de puja, mirando a Damián co

en el papel de la

e el otro lado de la sala, sus ojos llenos de desprecio, como s

lo suficientemente alta pa

as tenerlo. No dejes

ntó su pro

llones de

ero aparente de los Garza, mi futuro esposo. Que pujara públicamente en mi

tando de h

Ser tratada

algunos compasivos, otros burlones. Mi mano,

llada. No me

a atención del subastador, e

nció el subastador,

ría que

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De la Desolación a la Novia Multimillonaria
De la Desolación a la Novia Multimillonaria
“Mi padre crió a siete huérfanos brillantes para que fueran mis posibles esposos. Durante años, solo tuve ojos para uno de ellos, el frío y distante Damián Ferrer, creyendo que su lejanía era solo un muro que yo tenía que derribar. Esa creencia se hizo añicos anoche cuando lo encontré en el jardín, besando a su hermanastra, Eva Cárdenas, la frágil chica que mi familia acogió a petición suya, a la que yo había tratado como a mi propia hermana. Pero el verdadero horror llegó cuando escuché a los otros seis Becarios hablando en la biblioteca. No estaban compitiendo por mí. Estaban trabajando juntos, orquestando "accidentes" y burlándose de mi devoción "estúpida y ciega" para mantenerme alejada de Damián. Su lealtad no era para mí, la heredera que tenía sus futuros en sus manos. Era para Eva. Yo no era una mujer a la que había que conquistar. Era una carga tonta que había que manejar. Los siete hombres con los que crecí, los hombres que le debían todo a mi familia, eran una secta, y ella era su reina. Esta mañana, entré al despacho de mi padre para tomar una decisión que reduciría su mundo a cenizas. Él sonrió, preguntándome si por fin había conquistado a Damián. -No, papá -dije, con voz firme-. Me voy a casar con Héctor Bernal.”