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La cruel obsesión del multimillonario

Capítulo 4 

Palabras:608    |    Actualizado en: 11/08/2025

clínica privada, una solución temporal hasta que pudiera encontrar una perm

de David y solicitar nuevos pasaportes. Tardaría una semana. Una semana para borrar a Alin

n la tierra donde quería estar, pero tenía que inter

de joyería, cada bolso de diseñador, cada regalo caro que Ricardo le había prodigado. Eran

a una nueva vida, para el tratamiento de David, para su libertad. Sintió una sombría satisfacción. Él había pagado por s

ro, acunados en un lecho de terciopelo desvaído, había un par de caballos de madera tallados a mano. Se los había hech

do genuinamente. La había mantenido en su mesita de noche durante un

en el fondo de un cajó

menea, arrojó la caja y observó cómo las ll

enmarcada a la sala de estar. Era su foto de compromiso, la que ella había hecho trizas en un ataque d

etido repararla y

lina -había dicho, con voz impa

el señor de la Vega quiere saber dó

peranza que ahora estaba muerta. El rostro de Ricardo, guapo y posesivo, su brazo envuelt

no todo el tiempo, susurrando y riendo con Karla, quien supuestamente estaba "coordinando la logística" desde la ofic

es en el marco y soltó un

nla -

o la miró,

eño

voz fría y clara-. P

que la mentira perfecta y sonriente fue

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La cruel obsesión del multimillonario
La cruel obsesión del multimillonario
“Alina Montes reservó en secreto una función de cine sensorial para su hermano autista, David, un raro acto de rebeldía contra su prometido controlador, Ricardo de la Vega. Ricardo, un poderoso heredero inmobiliario, se enteró y se vengó torturando a David a distancia con luces estroboscópicas y chirridos discordantes, obligando a Alina a ver el terror de su hermano. La mantuvo cautiva, haciéndola presenciar la agonía de David, todo porque su nueva obsesión, una becaria llamada Karla, afirmó que Alina le había hecho una "mala cara". La crueldad se intensificó, siempre ligada a los caprichos de Karla. Si Karla se quejaba, David sufría. Cuando Karla fingió un accidente de coche, Ricardo obligó a Alina, que era anémica, a donar sangre para Karla, solo para que la desecharan. El mundo de Alina se hizo añicos. Se dio cuenta de que Ricardo veía a David como un arma y a ella como una posesión desechable. El golpe final llegó cuando Ricardo, ante una falsa acusación de Karla, mató brutalmente al amado caballo de Alina, Lucero, justo delante de ella. Este acto monstruoso encendió una ira fría y lúcida en el interior de Alina, llevándola al límite. Sabía que tenía que escapar, no solo por ella, sino por David.”