“La cuarta vez que perdí a nuestro bebé, mi esposo me arrojó de su Bentley en una carretera solitaria. ¿Mi crimen? La punta de mi tacón había profanado la inmaculada piel de los asientos. Desperté en la cama de un hospital. Estaba sola. Me desangraba. Y a través del cristal de la puerta, lo vi a él. Tenía entre sus brazos a Jimena, su novia de la prepa. Momentos después, su madre publicó una foto de ellos en Instagram con la descripción: "Finalmente juntos, como debe ser. Una verdadera historia de amor". Sus amigos comentaron, llamándome "una arribista cualquiera" de la que por fin se estaba deshaciendo. Pensaron que me habían destrozado. Que volvería arrastrándome, como siempre lo hacía. Pero se olvidaron de la cláusula de infidelidad en nuestro acuerdo prenupcial. Esa que me daría el control total de la fortuna de mi familia. Y expiraba en una semana.”