“El día que vi la entrevista de Jared Stanley, le solicité el divorcio y me mudé de la casa en la que vivía durante tres años manteniendo una apariencia decente. En esa entrevista, él dijo que su mayor orgullo había sido que, en una situación de vida o muerte, instintivamente había protegido lo que llamó el "tesoro nacional". El "tesoro" que protegió no fui yo, que era su esposa, sino su "frágil" colega, Bailee Brooks. Dos días después, en la conferencia de prensa global de la cumbre del G20, el mismo reconocido corresponsal de guerra me hizo la misma pregunta: "Señora Quinn, como intérprete simultánea de primer nivel, ¿cuál diría que es el principio profesional del que está más orgullosa?". Miré directamente a Jared, que estaba sentado en la primera fila, y contestó: "El verdadero profesionalismo es saber que mi esposo arriesgó su vida para proteger a su amante, y aun así podía, como intérprete principal, transmitir con calma y precisión las órdenes que lo salvarían".”