“Fui la huérfana que la acaudalada familia Garza crió como si fuera suya. Durante veinte años, su casa fue mi hogar, y su hijo, Bruno, fue mi hermano y mi mejor amigo. Mi vida era perfecta, segura y desbordaba amor. Hasta que Bruno trajo a Fabiana a casa. Era hermosa, encantadora, y de inmediato me vio como una rival a la que había que eliminar. Comenzó una guerra de susurros, llamándome aprovechada con una obsesión incestuosa, un parásito de su fortuna. Cuando hizo pedazos a propósito el único relicario que tenía de mis padres muertos, Bruno la defendió. -Estás actuando como una niña mimada y berrinchuda -me dijo. Mi propio hermano, mi protector, eligió a una extraña manipuladora por encima de mí, creyendo su veneno. La familia que me había salvado se estaba desgarrando desde adentro. En mi fiesta de graduación, Fabiana me acorraló, prometiendo brindar públicamente por mi "enferma obsesión" y arruinar el apellido de mi familia. Pensó que me derrumbaría. Pero mientras ella subía al escenario, yo caminé con calma hacia la mano derecha de mi padre. -Déjala hablar -dije-. Y que seguridad esté lista.”