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la doctora del mafioso

Capítulo 5 Evaluación contrarreloj en box

Palabras:1330    |    Actualizado en: 29/10/2025

esperar más. El hombre respira como si cada inhalación tuviera

-le murmuro-.

sin invadir. Octavio Larra reparte tareas con una autoridad que no humilla; su presencia ordena el aire. Romina ocupa la esquina de

a como quien ubica un faro y, apenas lo logra, su cuerpo cede otra vez a la sombra. Yo me s

e sue

e a calle y a pólvora vieja. La palabra «bala» pesa, pero aquí no suma. Lo que suma es que el pecho

ebo un sorbo.

regunta como quien pid

? -insinúa-. ¿U

desdén, por prioridad. Primero este minuto.

, sostén aquí.

ubica a

palda -dice,

e vuelve isla y yo marco el borde con actos simples. Siento la vigilancia muda de los trajes;

a lámpara baja

Larra, más por costu

da Amanda, y me mira como d

n una modestia indecente. Es un objeto pequeño que se empeña en

rcando una cadencia con la m

es la victoria. Siento la oleada de alivio pelear por subir; si l

lencio. No dicen nada. Dicen estar. La cortina

omina-, en alerta. ¿Ano

que Larra coordina destinos. -Devu

es un elogio, es

te aunque aquí parezca inventada. Me aferro a la matemática doméstica qu

reinta no mejora, nos movemos. -La

comodando el mundo

mpir. El segundo 9 es el del ritmo: mi mano dibuja una ola lenta en el aire y él, desde algún lugar, la intenta. El segundo 17 es el de la voz: me acerco al o

a sí mismo para pelear con nosotros. Apenas, pero se nota. Amanda me

n hablar. Lo sie

rra, listo para

su esternón, acerco la lámpara un poco más, dejo que mi voz ha

nta. No es un milagro: es un piso. Con ese piso,

después del pabellón. -Defino camino si

perdido la iniciativa. Larra hace una seña hacia la puerta

ncia Amanda, ya con

egundo del carril. No le inventes historia, me di

o hay discurso; hay intención. Me encuentra. Yo asiento, c

a, y me aprieta la mu

tan un palmo, lo suficiente para no estorbar y para estar. Romina recoge la circular de control cruzado, limpia el exceso de formal

mira. El pasillo hasta allí es un himno de pasos, ruedas,

os de un traje. No miro. Amanda sí: me lo traduce con una mueca

no sé si oye, pero la frase m

s de cruzar la última puerta, me permito mirarlo un segundo más: no por morbosa

uito con UCI. -Él ya lo hizo, pero nombr

u voz tiene el pe

ere asomar -shock, hemodinamia, técnica-, la empujo de vuelta a s

ezo a creer mi propia consigna. Tal vez lo que hicimos e

rápidos, guantes listos, un «¿qué tenemos?» con tono de quien llega a h

CI. -Asiente. Su pulgar, ar

ntesis. No hablan. Dicen estar. L

al hombre. No le prometo nada que

ado, una voz afilada pregunta: «¿Qué tenemos?». Yo inspiro, sostengo la

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la doctora del mafioso
la doctora del mafioso
“Clara Montalbán descubre a su novio con una enfermera del mismo hospital. Esa misma noche la llaman de Urgencia: estabiliza a un "sin nombre" y lo sube a UCI. Es Félix Santoro. El jefe de la mafia más importante. Él se obsesiona y ordena secuestrarla; promete protegerla, pero también poseerla. Se resistirá Clara al poder de Félix?”