“Mi prometido, Jacob, interrumpió la boda de otra mujer. Me enteré por un video viral mientras preparaba su postre favorito para celebrar nuestro próximo ciclo de fecundación in vitro. Era Kierra Gates, la "artista en apuros" de la que siempre decía compadecerse. No era la primera vez. Hace tres años, golpeó a un hombre hasta hacerlo sangrar por ella, un escándalo público que casi nos destruye. Lo apoyé en ese momento, tragándome la humillación y las advertencias de mis amigas. Incluso le perdoné el aborto espontáneo que su arrebato violento me provocó. Juró que todo había terminado, que nuestro futuro, nuestra familia, era lo único que importaba. Pero mientras veía el video de él arrancándola del altar, sus promesas resonaban como una broma cruel. Me había abandonado de nuevo, justo en la cúspide de nuestro sueño, por la misma mujer. Mi amor por él, una constante de quince años, finalmente se secó. Esto no era solo otra traición; era el final. Tomé el teléfono, mi mano firme. -Quisiera cancelar mi cita para la fecundación in vitro -le dije a la clínica-. Y programar un aborto. Lo antes posible.”