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La Reina Invisible: La Caída De Moretti

Capítulo 5 

Palabras:838    |    Actualizado en: 15/12/2025

Vitiel

me de

rasposa, como si per

na. Acabo de contarle todo. Cada detalle sórdido. El ataque de

voz tiembla levemente-. Óliver t

ovimiento brusco, me arranco la ví

iente y oscura, goteando sobre las inmaculadas sábanas bl

ta de lo que ha hecho,

ue tengo razón. Sabe que si me quedo, moriré. Ya sea de pen

bajo -dice Marco, bajand

engo e

u

ro prohibido, pero jugábamos juntos en los veranos neutrales. Siempre fue silencio

s? ¿P

itabas un santuario. No dudó

ha traído. Jeans. Una sudadera negra que me traga. Nada de v

vicio. El zumbido del metal de

ara, gélido y cortante, cuando

í e

la luna. Es más alto de lo que recuerdo. Sus hombros son anchos, su postura es relajada

sino evaluando los daños. Nota la palidez, el vacío en mi mirada. No dice n

abre la pu

oz es grave, profunda. Una promes

camino hac

las puertas automáticas de la entrada p

er s

enenosa, caminando con dificultad, haciend

a cabeza como si sintiera

vés de la distancia, entre las so

iempo se detiene. El

por algo visceral, como si su instinto le gritara

s piernas ceden, doblando las rodillas

seco. Mira a Na

acila

racción de se

sité para comprender

ella, dándome la espalda. Eligiendo,

che de Luis y ci

nos -

es definitivo. Se sube al asiento

hospital, alejándose de la ciu

sigue ahí. Una banda de oro simple que sign

l debajo se siente

golpea mi cara, secando mis lá

rretera. No oigo cuando golpea el asfal

jos se encuentran con los míos. No hay juici

ice-. Nadie sabe que existe. Tendr

es de la ciudad de Óliver se desvanecen en la distancia,

Es una sonrisa peligros

uego... luego dejamo

o los

s, Ó

Laura M

esposa. Es una reina sin corona, y voy

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La Reina Invisible: La Caída De Moretti
La Reina Invisible: La Caída De Moretti
“Soy la esposa de Óliver Moretti, el Capo más temido de la ciudad. Él pone la fuerza bruta, pero yo soy el cerebro que lava sus millones. Creía que éramos reyes construyendo un imperio, hasta que descubrí que llevaba nueve años con su amante, planeando huir con el dinero que yo limpié para él. Pero la verdadera traición no fue el robo, fue la sangre. Esa noche en el restaurante, su amante apareció desquiciada y me pateó brutalmente en el vientre. Caí al suelo, sintiendo cómo la vida se me escapaba entre las piernas. Estaba perdiendo a nuestro bebé. Grité su nombre, suplicando ayuda mientras me desangraba. Pero Óliver no corrió hacia mí. Corrió hacia ella. Mientras yo abortaba a su único heredero legítimo en el suelo frío, él abrazaba a la asesina de su hijo para consolarla. "Tranquila, Nadia, estoy aquí", le susurró, dándome la espalda a mí y a su hijo muerto. En ese instante, el amor se convirtió en un odio nuclear. Desde la cama del hospital, transferí sus cinco millones a un paraíso fiscal y envié las pruebas de todos sus crímenes a la Comisión. Ahora, semanas después, él ha cruzado una tormenta de nieve para encontrarme. Está de rodillas, llorando, rogando perdón porque su imperio se desmorona y se ha dado cuenta de su error. Lo miro sin sentir nada más que hielo. "Querías un reino, Óliver. Ahora obsérvalo convertirse en cenizas".”
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