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Pacto divino

Capítulo 5 El terrorista

Palabras:1888    |    Actualizado en: 09/01/2026

nos, pero su confianza en la discresión de su contraparte la había envalentonado. Por más desconocidos que fueran, a ambos los

ba con su humilde postura. Las medias, de una costosa y exclusiva marca, se le

con uno u otro era cuestión del azar, del algoritmo que usaba la web de Pacto divino para concretar las cit

e con el del tatuaje tan pronto era bajísima

mo de turno. Por el rabillo del ojo Sheily vio los bototos y

hacia arriba, obligándola a verlo. Sheily abrió bien los ojos. Sin el velo, la imagen del hombre se volvió más nítida, pero seguía siendo un misteri

le en comparación. Él era un terrorista que la hacía temblar con su sola presencia y ese enloquecedor aroma a incienso que le p

stilista, unos ojos brillantes que lo absorbían, la nariz era respingona y sus carnosos labios rojos y aterciopelados s

o lo veas llegar, muestr

su sonrisa de c

Le tocó los labios y uno que otro diente, sin delicadeza alguna. Se abrió paso en su boca y metió e

recorrió con la lengua por el goce de su amo y el de ella, usada y

boca? -preguntó él con s

sí lo hacía? ¿Acaso ella ya conocía su voz y por eso la e

la llevaba hasta allí y que se inflamaba entre sus muros

y su sumisa gateó tras él como su obediente mascota, lista para el des

teras de sus pulsione

a -exigi

jos del hombre le miraban el brasier, los sentía clavados en los pezones. Un tirante cayó cuando él lo jaló con brus

esto. La prenda se le deslizó lentamente y sus delicados pechos quedar

e te vean des

, a

es? -preguntó a continuaci

taban como a una cualquiera, pero al momento de jugar con su cuerpo, eran puros halagos, elogios a cada parte. E

rajo del brasier y devoró uno de sus pechos. Recorrió con la lengua el rosado pezón

cho gusto pese a encontrarla tan fea.

e la falda -ordenó con la

s palabras. Esa falta de delicadeza le daba autent

n bragas. ¿Te las quitaste pensando en mí? -sonrió al verla a

r empeoró la situación. Estaba por girarse y preguntarle si era Zack cuando las manos del verdugo se apoderaron de sus nalgas. Las acariciaba y amasa

, los necesitaba. Llevó el pecho al suelo y desde allí, con el trasero en alto en manos de

manos empapadas a él también-. Sí que te g

urgando en su interior. Él le besó una nalga, la succionó con

medad le escurría en abundancia por las piernas, pero ya no sentía vergüenza de que él la mirara. Su vil y pervertido amo era el culpable de tod

sin permiso, pero no es tu culpa. De seguro

a que ella fuera sólo suya durante una hora, en cuerpo y alma, cada centím

rás tu premio -se des

se lo encontró con el miembro erecto en la mano. Lo frotaba desde la b

o, digno de un dios todopoderoso. De tamaño considerable, firme como un tronco y con el

fico e hinchado glande empujando en el fondo de su garganta. Estaba por tocarlo con la punta

enrollada en su mano,

res? -preguntó, con

ho,

vincente. Quiero oí

or, lo qu

lo con la mano y la perversidad de un niño que tiene muchos dul

Intentar explicar aquello

le placer como él me lo ha dado a mí -dijo Sheily

placer? ¿Con qué? ¿Siquiera

ligno y poderoso en mentes como la de Sheily. La esclava Sheily

. Déjeme demostrárselo,

es que me corra en tu boca para beberte hasta la última gota para tu pr

fin. Hasta de la gran cruz colgaban unos grilletes para inmovilizar a algún desgracia

Soy una zorra egoí

la puerta por la que había entrado y se volvió a ver a Sheily. Postrada en el suelo, tan necesitada y d

u castigo -s

de tortura. Esperó hasta que el tiempo por el que había pagado terminó y u

lvieran su dinero por dejarla a medias. Ningún cretino se burlaría así de ella, no señor. Ahora mismo iría a poner una de

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