icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Con mi primo en la alberca

Capítulo 4 El poder de no darselo

Palabras:1426    |    Actualizado en: 02/02/2026

y mi primo no dej

me agachaba a recoger algo, aparecía detrás. Si me quedaba sola en la cocina, él entraba sin mot

o sucio. Me gustaba verlo así, fuera de sí, y al mismo tiempo sentir que podía detenerlo con una sola palabra. Le bastaba una mirada mía p

dejarle claro que no iba a pasar, al menos no todavía. Esa barrera, ese clic seco del pestillo, me daba una sensación de control que neces

Y en medio de eso, me repetía que no volvería a pasar. Mentiras que

recordarle lo que no podía tener. Me sentaba frente a él en el desayuno y abría un poco las piernas, lo suficiente para que se

a retorcida de sentirme fuerte, de compensar todo lo que me había desordenado la primera vez que nos

al baño a oscuras, sin hacer ruido, como si no

boca arriba, con el torso desnudo y el cuerpo enredado en las sábanas como si hubiese estado peleando con algo en sueños. Una pierna co

ara memorizar la escena, para sentir que el deseo me trepaba de

l pestillo. Me metí en la cama de espaldas a la entrada,

able, tan distinto al chico seguro que caminaba por la casa como si todo le perteneciera. En

que la tensión entre nosotros se volvía más difícil de sostener. Estábamos a un

ar agua, pero él entró y cerró la puerta con el pie. No dijo ni madres. Sólo me miró

endo cómo me ardían los muslos

enerlo así,

y la mandíbula apretada, me puso caliente. Lo vi tragar saliva, con

s me haces esto? -

té, como si no supiera

os, sin brasier, con esas putas miradas que me

o, y le di un trago al agua. Estab

s... -le dije, ya sin vergüenza-. Me gusta tenerte

piración en la cara. Me tenía acorralada en

a que se

¿sabes? -me dijo. Su voz sonaba baj

Espera a que estemos solos... bien solos... y ahí sí... hazme l

ás, pero lo noté duro, inflamado, como si ya no p

el vaso aún en la mano. Sabía que lo tení

dos. Porque yo también m

volvió a

o perro encendido desde que llegué. Me rozaba, me buscaba, me miraba como si yo fuera suya. Y la verdad yo también lo deseaba. Desde el primer

que me hacía temblar. Su mano ya se había colado bajo mi ropa interior, y yo... yo ya no quería detenerlo. Lo deseaba, con la piel y con e

dad? -me dijo

pen... sí -le respo

De verdad, a segundos.

vez.

gue -le rogué, sin si

de hombre frustrado que no sabí

l trabajo -dijo. Y sin que pudiera

horrible entre las piernas. Escuché cómo abría la puerta

güey! Te caí

s... qué

ajé la blusa, me peiné con los dedos. Aún t

y desinteresada. Tenía las manos grandes, marcadas de tierra, como si viniera de

ima -dijo el prim

ró. Me saludó con la

mi short arrugado. Lo vi notar la urgencia en nu

o t

n saber por qué, me s

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Con mi primo en la alberca
Con mi primo en la alberca
“Ella llegó a casa de sus tíos para pasar unas semanas de descanso. Nada parecía fuera de lugar. Hasta que lo vio. Él. Su primo. El mismo con el que compartió juegos de infancia... y que ahora despertaba en ella algo que no podía -ni quería- ignorar. Entre miradas que queman y silencios que duelen, lo que parecía un deseo pasajero se convierte en un vínculo intenso, secreto y prohibido. Un juego de atracción que ninguno de los dos sabe detener a tiempo. Y en esa casa, todo se empieza a notar. Ella lucha con sus emociones. Él no sabe elegir. La culpa, el deseo y el miedo conviven en cada encuentro. Y cuando entra una tercera persona en la historia, todo lo no dicho comienza a explotar. Ya no se trata solo de sexo. Es algo más. Algo que duele. Con mi primo en la alberca es una novela erótica y emocional que explora el lado oscuro del deseo, la fragilidad de las decisiones y lo que ocurre cuando amar se vuelve tan peligroso como desear. Porque a veces, lo que más queremos... es justo lo que no debemos tocar.”