Vista: N
la cara. Caminaba dos pasos detrás de Ámbar y Mar, mis ojos ocultos tras las gafas de sol, escaneando cada esquina, cada tej
do. Mar, por el contrario, caminaba como si la acera fuera su pasarela perso
ló Mar, deteniéndose en seco frente
te como lo que pretendía ser: un estudiante de buena familia, atlético y brillante. Nuestras miradas se cruzaron por una fracción de segundo. Un choque de reconocimien
? -pregunté, mi voz plana
é de dónde salió, pero se cree que puede estar al mismo nivel
l a la perfección, se ac
ía preguntarte sobre el grup
tar los dientes-. No te quiero cerca de mi grupo, ni de mi mesa, ni d
orizando cada palabra para devolvérsela con intereses. Ámbar no dijo nada; simplemente aju
rrido de neumático
ingeniería automotriz, derrapó frente a la entrada principal. El motor rugió una última vez
se abrió h
sandalia de tacón de aguja que brillaba
caía por la espalda como una cascada de fuego. Se quitó las gafas de sol de pasta blanca con una lentitud exasperante, r
rovisados. Caminó directo hacia sus hermanas, per
irada lenta, depredadora y, por primera vez, vi una chispa d
ando una herida-. ¿Quién es este bombón? Es mucho más l
en blanco, soltand
tienes mal gusto. Es solo un becado engreído. Cam
Thiago una sonrisa ladeada, un
completo mi presencia a pesar de que yo estaba a menos de un metro de ella
ambió en un segundo. La frialdad de Ámbar y la arrogancia de Mar se fundieron en una complicidad casi eléctrica a
de la Mafia" es
alejaban. Thiago se acercó a mi lado
n la mandíbula tensa-. Es más peligrosa de lo que T
de Emma-. Una de ellas apretó el gatillo con sus palabras. No dejes q
a destruido mi vida con una mentira. Mientras las veía reír en la cafetería, sentí un frío abrasador en el pecho. No me impo
/0/22885/coverbig.jpg?v=0723554dbe4fda932647bd7ca8aabbfa&imageMogr2/format/webp)