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e vista
habitación. Me sobresalté, con el corazón latien
da, aterrorizada por el lobo del Rey. Decían que su transformación era una ma
esperanza de dormir a pesar de los grit
Beta del Rey, estaba all
go. Ahora"
de que pudiera estar segura, reemplazada por una máscara fría y profesional. Se me re
sudor me resbalaba en las palmas. Normalmente, el castillo bullía de vida, pero esa noche, reinaba un silencio sepulc
a los guardias, el doble de los habituales. Permanecían rígidos, con el rostro pálido bajo los cascos. Jo
ertas de roble. Empujó una entreabi
"¿Y Aurora? No discutas. Haz
bandonaba la cara. "¿No
do al suelo. "Preguntó
leé hacia la oscuridad. La puerta se cerró con un clic tras m
ateada de luna que atravesaba el suelo. El aroma me impactó de inmediato: almizcle, cedr
sonido de una respiración pesada y entrecortada que venía de la esquina. No era humana
rrr
re. El corazón me dio un vuelco. Desde e
la luna, jadeé. Tenía la piel enrojecida, sus músculos se contraen bajo la superficie, y sus ojos -los hermosos
a trompicones, y mi talón
pera y distorsionada que me puso la piel de gal
abalancé hacia la puerta, arañando la madera co
vor, déjame salir!", grité, con
uerpo irradiando contra mi espalda. Me quedé paralizada, con la mano aún levantada
ntir su aliento en la nuca: pesado, áspero, con olor a sal y lluvia de bosq
. Ni siqui
te pegada a la fría madera de la
ió bajo la fuerza. Me estremecí, cerrando los ojos con fuerza. Entonces, su otra mano
ndió la cara en el hueco de
de puro terror por mi espalda. "¿Por qué no puedo sacarte de mi cabeza, ni siquiera en una noche co
vor, no", log
encia. Su lobo estaba ahí, justo debajo de la superficie, luchando por controlars
me",
a en que lo dijo -bajo, peligroso y doloroso- no me dejó otra opción.
Pero era su rostro lo que me atormentaba. Tenía la mandíbula tan apretada que pensé que s
cabeza. Ya no era solo miedo, era un calor
o una pesadilla. Todas las mujeres que habían sido en
ún cuerpo humano podría sobrevivir. Solo Lumi había salido con vida, y por eso la habían convertid
é estaba allí? ¿D
la ropa
n baja y vibrante que parecía retumbar en mi pecho. "S
s calientes se derramaron y resbalaron por mis mejillas frías. "Por fav
a que el suelo bajo mis pies pareció temblar. Me estremecí, casi
lida. No ha
a agarrar los tirantes de seda de mi camisón. Me quedé allí un instante, temblando en la oscuridad, antes d
uz plateada de la luna, con los hombros
Era bajo, gutural y satisfecho. El sonido de un de
aso, y mi visión se nubló hasta que la habitación
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