rico, en dirección norte, en la dirección opuesta a su departamento. No sabía por qué.
al, algo gracioso que dijo un paciente, o una nueva receta que quería probar. Él usualmente solo gruñía en respuesta, esc
r instalándose en su estómago mientras entraba en su garaje. Salió del coche, medi
estaba en la barra, ahora cubierto con plástico.
co. Estaba tratando de demostrar algo, de hacerlo sent
limpieza, María, ter
-dijo ella, sus ojos llenos de
señorita Vázquez? -pregunt
pequeña. -La mirada de María era de complicida
la vuelta-. Bueno, ya t
aminó por las habitaciones. Todo estaba ordenado, limpio, exactamente como Valeri
garró sus llaves y se
a barra, con una c
o! -Leo le dio una palmada en
veza, el líquido frío haciendo poco p
fue? -preguntó Leo, s
encogiéndose de hombros-. F
r tres años? -Leo lo dijo con una risa cínica,
mián, más a la defensi
Mira, me alegro por ti, amigo. Finalmente terminaste con la farsa. Bre
mián, forzan
oco demasiado buena, ¿sabes? Como de esas esposas perfectas de película. Siempre co
bía pensado de esa manera. Simple
cambiando de tema. Había recibido el correo de su
taban casados -di
urmuró Damián-. Su forma
nda-. Fírmalos, envíalos de vuelta, y se acabó. Borrón y cuenta nueva
ó a sí mismo, un mantra que había estado cantando dura
renado de sus ojos cuando le dijo la verdad. Pensó en su fuerza silenciosa, su lealtad inquebrantable, la forma en que l
tó Leo, dándole un codazo-.
Damián, terminando su se
ortes, todas las tonterías de siempre. Damián solo asentía, su mente
palmada en el hombro para irse, e
elicidades. Eres li
scura, el silencio gritándole. Sacó su teléfono, su pulgar flotando sobre el contacto de Valeria. Que
era lo que quería. B
ido. Se giró de lado, mirando el espacio vacío junto a él. Un aroma
a. Ya no era solo irritación. Se sentía como una pérdi
ría. Tenía
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