o a como se lo había imaginado. La descripción que le había dado su hermana no coincidía en lo absoluto con l
o sonreía, pero Lucía era consciente de una leve curvatura. Como estaba sentado, no podía ver los detalles de su cuerpo, pero vio lo bastante como para darse cuenta de que era musculoso y esbe
vo la respiración. Unos ojos azul acero se fijaron en sus ojos...
entalmente mientras trataba de no enredarse
.
se cerró. Sabía que la persona que ingresó era la misma que había tenido el descaro de intentar robarle y por s
r toda su frustración con esta persona. Además, Logan estaba en todo su derecho de hacerlo. Ella cometió un delito y él le
rpresa porque la mujer que estaba sentada frente
d? -preguntó, c
egro, estatura alta y un cuerpo de reloj de arena. Sin dudas, Pía se acercaba más a las mujeres con las que él solía salir antes, seguras de sí misma
jer, dándose cuenta de inmediato que esta parecía qu
tuir que la mujer parecía estar ba
que... -titubeó ella, mirándolo con g
paró con un ciervo asustado por los faros lumi
s a alguien que entra en mi despacho diciendo ser una persona que, evidentemente, no es -enfatizó lo último. Sus ojos, tan fríos, ana
rsona, señor Parisi. Soy Lucía Rossi, la
bajo creerlo -profes
hermana de Pía Rossi? L
.
se dejaría intimidar por este hombre. Pero cuando Parisi se irguió de la silla,
contenía la respiración al
. Parisi Logan estaba constituido con un cuerpo musculoso y atlético, era alto, elegante e imponente. Emanaba un aur
alrededor, como si estuviera acechando a una presa. Lucía se sintió indefensa, dimin
a hacia este y mirarlo desde una posición de desventaja total. Sabía que debía parecer un animal
a belleza y la figura de mi madre. En cambio, yo... Bueno, me parezco más a mi padre. Lo cual, para mí, eso está bien. -La ex
pone que hace
s de hielo. Había ensayado muchas veces su discurso antes de venir aquí, pero lo cierto era que no contó con describir que todo lo que le había dicho su hermana era una me
o de voz adusto del CEO-. Por supuesto, como sus súplicas y sollozos no funcionaron, además de su ridículo intento d
tó Lucía, ampliando sus ojos
illa de cuero-. Bueno, fue un movimiento poco inteligente de su parte. Seguramente cr
la sospecha de que todo era cierto porque, ¿acaso no era verdad que Pía siempre había utilizado su belleza y su cuerpo perfecto para conseguir lo que querí
tenía vergüenza alguna de hacer que los hombres bailaran alrededor de su meñique, tampoco le importaban los sentim
e su hermana y con una terrible vergüenza ajena.
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