es que él había conocido solo significaron caras bonitas y cuerpos perfectos. Significaron una noche apasionada y nada más. Sin embargo, muy a su p
acudieron por un sollozo-. Si no deja de llorar, no podremos continuar
tiene un atisbo
uando no encontró lo que buscaba, maldijo mentalmente. La mujer tenía el semblante rojizo y las lágrimas seguían cayendo por sus
sericordia por una delincuente?
ra y le aseguro que Pía no volverá a co
er nada. Ella estará en la cárcel y no creo que intente ha
imas del rostro y la nariz. Apretó el pañuelo en un puño y lo miró fijamente-. No
í sentada, llorando y suplicando por alguien que, estoy seguro, ni siquiera se preocu
tando en la mirada marrón claro-. Pía es una buena persona,
defiende porque es su familia. Sin embargo, debe abrir los ojos y ver la realidad. Y esa realidad es que su hermana es una delincuente. -Logan no dejó de mirarla y notó qu
biendo que mi hermana no
significa que su hermana no sea una delincuente -espetó, sintiéndose cansado de a
cuidé de mi hermana y lo seguiré ha
o hacia ella-. Usted puede decir un montón de cosas buenas de su hermana, pe
o que no tiene nada que ve
apoyó los antebrazos sobre el escritorio, sin quitar la mirada de la mujer. Cierta curiosidad comenzó a brotar
la pregunt
ngo
resado-. Significa que es dos años mayor q
er y Logan ni se inmutó al contemplarla sin reparos. Una cosa er
la inhaló y exhaló, desviando la mirada de él-. Ellos f
a tan temprana edad. -La mujer asintió, pero no lo miró-. Prácticamente tu
lante con mi hermana. Temo que por ello Pía sea un poco rebelde. -Por fin ella lo miró
a vio dibujar un mohín con los labios-. Pero no se pue
, señor Parisi -
odavía fuera una niña -obje
le importancia-. Pía siempre fue la niña mimada y yo no podía dejar que n
quirió, ladeando la cabeza hacia un lado-. Usted está tan cegada de la verdad y realidad, que no puede v
ciert
to -interrumpió, dándole una mirada completa a la muj
isc
vez más, del rojizo en el rostro de la mujer. No sabía si era por el calor o por la vergüenza. Pero ¿p
quitarme el abrigo, señor
decir, señorita -senten
do de encontrar un atisbo de piedad en usted, pero, desgr
mente y apoyando la espada en el respaldo de esta-. Quítese el abrigo, señorit
ese abrigo tan grande y largo. Y si tenía que volver a in
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