itó, mientras la arra
y gente que aguardaba con sonrisas. Amelia sentía que cada paso
ces,
mposible de confundir. El esmoquin negro se ceñía a su figura con elegancia; era distinto a todo lo que Amelia había ima
a rabia y la desesperación se confundieron con algo nuevo, i
a vacilación, apret
na, A
enético. Una parte de sí seguía clamando por huir, pero o
mirada vagaba entre la incomodidad y la rabia contenida. Frente a ella, Darío esperaba impecable, con el porte de alguien acostumbrado a tener el control de todo lo que l
lpable. El juez comenzó a pronunciar las palabras de la cer
eunidos -decía
encaje de su vestido, y en su mente solo resonaba la melodía de p
zada, sostuvo la pequeña caja entre sus manos temblorosas. La entregó, y Amelia
ta conmigo -i
un susurro, quebrada, casi inaudible. Su pro
ra con firmeza, deslizando el anillo en el dedo de Amelia con un g
os aplausos estallaron en la sala, co
emente invasivo como para que Amelia apenas pudiera soportarlo. Cerró los ojos con fuerza,
en ese contacto, mezcla de repulsión y de un extraño cosquilleo que no quería reconocer. ¿Era atra
l auto de lujo que los esperaba. Amelia, aún con el beso clavado en los labios como una herida, se dejó gu
ó a ver su propio rostro. No era el de una novia feliz, sino el
er de cuento: una pareja recién casada, rodeada de luces, flores y promesas de futuro. Pero den
ía los últimos detalles del proyecto Borbón con su equipo. Era el CEO de Montenegro Design Group, la firma más prest
zaron a rodar silenciosas por sus mejillas. Recordaba la carta de aceptación a la Academia Harmonia de Piano, el lugar donde siempre había soñado e
r; estaba convencida de que él se reiría, de que menospreciaría sus sueños como simples caprichos de una niña
melia sonrió débilmente, aunque por dent
puntuales, pero poco a poco su rebeldía empezó a filtrarse en gestos pequeños: retiraba con brusquedad la mano cuando Darío intentaba tocarla, bajaba l
rasera que la liberara, aunque fuera solo unos minutos. Caminaba con el corazón acelerado, la idea de escapar
tido-. Ese traje también lo eligió Darío para ti. Pensó en cada detalle, inc
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