azos, como si el tiempo hubiese retrocedido y Amelia
cluso cruel. Pero lo que él y yo queremos para ti no es encerrarte en un destino sin alma. Queremos que tengas
ño fruncido, dudando ent
ste matrimonio, abue
iándole la mejilla c
e revelar verdades que hoy no imaginas. A veces el amor nace de la costumbre, otras veces de una
r cuando una voz int
mano, el gesto elegante y seguro que lo caracterizaba. Su traje impecable, el
spacio y se volvió hacia él
ío. Estaba cuidándola un poco
se inclinó con r
. No sabe cuánto a
s hombres, una especie de acuerdo invisible que la envolvía sin su consentimiento. Su abue
el siguiente baile. Y después debemos despedirnos, el vuelo nos ll
ose con la firmeza cortés de Darío. Su rebeldía rugía, pero también, en el fondo, una duda nueva com
mano de Darío, mientras su abuelo los observ
dio de la pista, sostenida por los brazos firmes de Darío. El murmullo de los invitados se desvaneci
rostro hacia ella, rozan
, con esa voz tranquila que contras
s comentarios velados de las damas, las expectativas- le apretaban el alma. Movía los pies con e
do. Un beso que estalló en medio de los aplausos, vítores y risas cómplices de los invitados. Amelia abrió los ojos sorprendida, sintiendo el calor
ellado con júbilo el inicio de una nueva etapa. De pronto, la herma
reparé yo misma -dijo con picardía-. Créeme, mi herma
reír, sin responder, sosteniendo con nerviosismo el equipaje qu
subiendo al auto que los llevaría al aeropuerto. La noche seguía llena de festejo en
u tono firme y serio, como si nada hubiera cambiado. Amelia, en c
teléfono, pero cada vez que sus ojos se encontraban, ella desviaba la mirada hacia la ventana, do
ntaba si estaba escapando de sí misma o si, por el contrari
n las manos juntas al frente. Apenas bajaron del vehículo, Amelia sintió cómo Darío le entrelazab
con una leve inclinación de cabeza. Su voz transmitía res
ínculo. Caminó junto a él hacia el avión privado que los esperaba, brillante bajo las luces del aerop
ta del jet. Su sonrisa era cálida, pero sus ojos se clav
rá un honor atende
er parecían sincronizados con los deseos de Darío, como si
/0/23753/coverbig.jpg?v=d9a2812f50f20e3b3c6592794c10173d&imageMogr2/format/webp)