rine
.. bip... Abrí los ojos lentamente, intentando asimilar dónde estaba. Varios recuerdos acudieron
aba poniendo alguna medicina o algo en mi vía intravenosa. ¡Miré mi mano y, efectivamen
tiempo ll
su marido está muy preo
jos. ¡Maldit
á él
tomé la mano de la enfermera con fuerza; no quería que se f
vaya, por favor e
iró y me miró
on, tuvo una pérdida,
é salir de aquella cama, pero era impo
pues lamentaba no haber huido a tiempo de los brazos de aquel maldito rufián. Lo amaba, pero con lo que me hi
tras él, Valentino, vestido de manera informal, y mostrando u
bías despertado, qué alegría, qué accident
, dejó el ramo de flores y me
mbre perfecto, y ahí comprendí lo que pasó: él ya lo h
e salía por la garganta y estaba a punto de explotar
r como una idiota y miró a m
, han sido un par de días
o lo hizo, el marido cariñ
aste, perra, pero n
o, mataste a mi hij
r; tienes anteceden
vio todo -grité en
en mi cara, burlá
ia estaba hace cien años, mi querid
tomarlo por el cuello y terminar con su existencia, pero no
cio -le dije sin
si renuncias a toda tu pa
juicio y lucharé
ino re
fuera, es una persona muy estúpida que quiere visitarte, el hipócrita quie
o hago, qué
nita de la fundación donde está y
en la cárcel, b
de mi lado; un hombre prestig
lentamente; la frustración y la impotencia que
ue asomó por la puerta inundó mis fosas nasales; el perfume de tonos a
íblemente conservado. Su cabello empezaba a volverse plateado y unas pocas arrugas rodeaban la comisura de sus oj
s, señora Ols
rgonzada; no podía i
mi jefe, el señor
Perro misera
ragué saliva- so
n todo mi apoyo para su recuperación. La empresa se hará cargo de todos los gastos; aunque
enzie -respondí avergonzada-. Mi
se sonrojaron de inmediato
irme, los voy a dejar -dijo Valentino despreocup
a amenaza, tragué el sabor
arle mucho tiempo, así que le agradezc
había un aire de compasión que nadie había sentido nunca por mí; era com
te, pero sé que algo anda muy mal. An
stá todo bien -mi voz s
la he confirmado lo que ya sospechaba: él la maltrata, ¿verdad? -El jef
todo. ¿Quién era yo para negar una realidad tan absolu
en llanto, un grito desgarrador y desenfre
ue no está bien es que siga permitien
? Si él me ti
entó a mi la
recibido ayuda cuando la necesitó, tal vez estaría viva. El maldito de su marido l
mi concentración no descansaba en su magnífico físico, sino en su
o esto es muy extraño. Usted es el jefe
o ayudarla,
ósito? Ni siqu
el momento de hablar, pero estoy dispue
qué estaba pasando? Al menos era una trampa sucia
Mackenzie, y no
atherine, déj
to su ayuda ni la de nadie má
negó con la cabeza. Sacó una tarjeta de s
carme; es su vida la que está en j
ó de la habitación. De nuevo, me sumergí en lágrimas, completamente indefensa,
nto era venganza contra mi marido Valentino Briston. De una
/0/23771/coverbig.jpg?v=eb0bb347674adeff6f5d8106d5dd0e1e&imageMogr2/format/webp)