n años
a del Prín
po", murmur
de rasgos femeni
ujuria. "Ningún hombre debería
s mientras avanzaba por los terrenos
nción no deseada, eso no evitaba qu
todo a salvo. Los hombres de Navia meterían su pene en cualquier cosa
ta. Por eso, probablemente era el ún
ekeira, siempre hacía todo lo posible para protegerlo y a
quince años atrás, y el rey Orestus los adoptó. S
conducía a las habitaciones de A
ves y lleno
ido ven
el interior de Eme
el pasillo y abrió la puerta de
, Lord Murphy, o juro por el cielo
ño con irritación y dejó de empujar. "Vete,
a que lo llamaran "príncipe débil". A lo largo de los años, los navi
avanzó con determinación hacia la cama,
evantó de la cama, cubriendo su cuerpo vulnerable, con el ros
Keira", dijo Emeriel, abraz
culpa
sa Aekeira con todas las de la ley en la partida de cartas de la reunión de anoche! ¡El
enfrentarse a él. "Si vuelves a ponerle las manos encima,
atreve
nga el rey", afirmó el otro con convicción. "Pero
llevándose las manos instintivamente a la
espetó el ministro. Recogiendo s
con los ojos llenos de preocupación. "El rey podr
a su hermana a los ojos, al borde de las lágrimas, mientras guardaba la
lo protegía, incluso cuando eso la convertía en el blanco principal.
ste, cuando violaban su cuerpo, lucía agotada, harta del mundo y p
ca, Aekeira se tumbó en
a un aristócrata de Cavar, pero ahora casi desearía que ese rey de
reino es un lugar de pesadilla. Cualquier lugar es mejor que Ca
ecerse. Los Urekai habitaba
ino olvidado de la mano de Dios". Una lág
ra', pensó Emeri
•••
Emeriel se quedó de pie frente
hombros, como una cascada. Con el cabello suelt
aba el espejo, sin vivir con miedo al próximo hombre que pudi
r. Alguien lo suficientemente poderoso como para mantenerla a salvo, pr
ón, pero una dulce
d era dema
en la cama y cerró los ojos, de
omenzó com
sombras. Era enorme, más grande y masculino que
a sentir a Emeriel pequeño
somnolienta, temblorosa y cargada
mbarte boca arriba, a que te folle tan fuerte que te tiemblen las piernas, a penetrarte hasta que tus agujer
Completamente escandalizada, se incorporó. "¡No d
io de Emeriel, saliendo de las sombras. Al hac
te que Emeriel ha
Ure
rrorizado, mientras el pánico se apoderaba de él. De
illantes ojos amarillos se clava
edió de un salto. "¡No, no, no! ¡Déjame en paz!
adie a
dolo bajo su peso. Las garras desgarraron su ropa, y el vulnerabl
de Emeriel, y una enorme polla monstruosa
o. Con el cuerpo temblando y empapado en sudor,
urró, temblando. "Gracia
tra vez, el que llev
asó una mano temblo
esadilla tan aterradora?", se
Urek
rarse con un Urekai en su vida. Y des
nterior, el ardor del sueño permanecía en su cu
gnifica
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