“Para salvarlo, sacrifiqué a mi loba, soporté el tormento del veneno de plata y pasé tres años atrapada en un matrimonio vacío, viviendo en callada penuria. En una noche tormentosa, perdí a nuestro hijo, mientras él me culpaba por arruinar la atmósfera de la fiesta de su amada. Cuando le pedí que rompiéramos nuestro vínculo, él me despreció y me encerró, convencido de que nunca renunciaría a mi lugar como Luna de la manada. Lo que nunca supo fue que solo me quedaban meses de vida. Rompí el vínculo y desaparecí sin dejar rastro. Solo más tarde él descubrió la verdad, buscando frenéticamente en cada manada un amor que ya había enterrado. "¡Selena, vuelve! Te daré mi vida". En los brazos de otro Alfa, sonreí. "Mi amor por ti murió con mi loba hace ya mucho tiempo".”