comp
ectamente calculada de indignación y pánico se reflejara en sus ojos oscuros. Sus dedos se aferraron al asa de su bolso gastado con tanta fuerza que los nudillos se l
ientras hacía el ademán de levantarse de la pesada silla de cuero-. Yo vine por u
ita Rojas, mañana por la ma
solo decibelio, pero golpeó como u
había inmutado. Seguía recostado en su sillón de diseño, observándola con la misma
s peligroso-. La indignación moral es un lujo exclusivo para quienes pueden
ya no le respondieran, Siena vol
hacia ella con un dedo largo y elegante. Era una copia exacta de su último aviso de desalojo. Luego deslizó otra: una factura médi
o al límite absoluto, préstamos estudiantiles con intereses usurarios. Su cuenta bancaria tiene exactamente treinta y cuatro dólares con quince centavos. El viernes a las cinco de la tarde, los cobradore
su contacto informático, había creado un rastro financiero falso tan hermético y convincente que incluso el equipo de inteligencia corporativa del imper
a, producto de su meticulosa técnica, se deslizara por su mejilla-. Hay cientos de mujeres e
corta, áspera y total
tadas de revistas. Traen consigo demasiada atención, demasiado ruido, y lo que es peor: hacen demasiadas preguntas. -Dante se inclinó hacia ad
ernado en cuero negro con el emblema de Industrias Blackwood repujado en or
tipula que no puedo acceder al control fiduciario total de las acciones de la compañía hasta que demuestre "estabilidad familiar". En resumen: necesito una esposa. Mi junta directiva
nto como si estuvier
llo- establece los términos innegociables de nuestro matrimoni
ena fingió que l
corporativas y cenas de negocios. Sonreirá, será educada, vestirá la ropa que mi equipo de imagen seleccione para usted y, sobre todo, será dócil. No emitirá opiniones públicas sobre mi empresa. No se inmiscuirá en m
acceso libre y directo que había estado buscando durante media década. Vivir en su casa. Ser intocable.
, logrando que su voz s
ojos grises, como si agradeciera que finalmente estuvieran habla
nación mensual de cincuenta mil dólares, libres de impuestos, para sus gastos personales de los que no tendrá que rendir cuentas. Su vida dejará de ser una lucha miserable por la supervivencia y se convertirá en un lujo absoluto.
sino eléctrico. Dante sacó una pesada pluma estilográfica del bolsillo interio
mundo. Si rompe los términos de confidencialidad, hace preguntas que no le corresponden, o arruina mi imagen pública, la destruiré con la misma rapidez y eficiencia con la que estoy a punto
a la luz fría de la ciudad. Cinco millones. Cincuenta mil al mes. Deudas borrada
a del reino que planeaba reducir a
rrebataron con una firma. Ahora, el rey indiscutible de ese mismo imperio le exigí
mblor en los dedos, pero esta vez no era miedo. Era pura ant
ó, manteniendo la voz c
risa depredadora, fría y
alando el espacio punteado con elega
el papel y trazó su nombre.
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