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UN ESPOSO PARA LA CEO PARALITICA

Capítulo 5 Las Reglas

Palabras:1723    |    Actualizado en: 24/05/2026

ÍTU

exactas, Máximo baj

isto desde una cena de gala dos años atrás. Tenía la frente cubierta con un esparadrapo discreto. El labio sin sangre. Los ojos cansados. Los ojos cans

a estaba e

a camisa blanca. El pelo recogido. La cara de mujer que llevaba tr

días -

Siéntate. Toma

ó una

ta. Encontró cuatro folios mecanografiados con

en

en

redact

mi abuelo se entera. Si mi abuelo se entera, le dice al tuyo. Si tu abuelo se entera de que las has violado, se acaba el contrato y se va todo a la mierda incluido lo que tu abuelo te dijo que conservaba mi

bes lo de

je. Cuare

l es

rra. Si me das un

quedó mu

elo te d

lo deduje yo en una noche. No me subesti

abe

¿

iero ese

bar eso durante un año. Cos

el prime

e. En voz alta. Sin leva

me hablas en público de la silla. No me preguntas si me duele. No me ofreces empujarme, levantarme, cargarme, llevarme. No

abe

sino y te emborrachas y sale una foto, se acaba el contrato. Cuatro. No hay mujeres ajenas a este matrimonio. Si necesita

ofrecerme se

certe un protocolo

. Con

s. No me digas te quiero aunque te salga del fondo del alma. Si alguna vez te sa

cib

ombre de mi consejo. Si lo haces una vez, hablamos. Si lo haces dos, divorcio. Y conste que en el contrato firmado ante not

las d

servicio. Para nada. Ni un café. Marta es mi mano derecha. La señora Ramírez es mi ama de llave

acerme

strucciones del Nespresso pegado en la pared porque mi abuelo, que es de la generación que también desco

abe

ede venir si avisa con dos semanas. Tu abuelo Emilio puede venir si llama el mismo día. Tu madrastra Ofelia no ent

cib

e de memoria por si te paran a la salida de algún sitio. Las repites como un loro y te vas.

bro

ab

e. D

o, lo apuntas en la agenda compartida. No

segur

as. No me defiendas, Máximo. No necesito un marido jadeando para protegerme. S

er

, lo gestiono yo. Si mi prima Victoria me at

qué al

mi prima a ti todavía no te conoce,

abe

está. Es la habitación de mi abuela. Si la tocas, te mato. Catorce. La biblioteca

im

. Me lo cuentas. Aunque no quieras. Aunque te cueste. Aunque hayas firmado con alguien lo contrario.

quedó mu

o miraba s

-dijo él,

n. F

grafo. Le pasó

rm

sa -dij

im

én tengo

¿Tú? Adela

hago. Cuando viaje, no me preguntes si quiero café. Yo me lo hago. No te lo pido por orgullo. Te lo pido porque las únicas

tres segundos ente

al

not

ota

¿Más

hoy ninguna más.

once y veinte de l

so -la que no era la del segundo, la que sí podía usar- leyendo carpetas que Marta le había dejado encima de la mesa esa tarde sin que él se lo pidiera.

inueve de la noche. Cerró la últi

tidós oyó un grito

gado, animal, contenido por una

grito de una mujer bajo la lluvia, así que lo oyó perfectamente, aun

scaleras de

a del tercer pis

abe

enc

la. ¿Es

enc

la, voy

e llevaba cinco minutos despertando de algo y otros

sadi

S

de si

e sie

es que

N

s un vas

áx

im

puerta y vete a tu piso

al

día de casados no le pareció una buena idea ponerse a buscar dónde guardaba ella el agua embotellada. Subió otra

a

a del tercer piso se abría. Una rueda contra el parqué.

tuvo despierto hasta las cuatro

nsando en la pesadi

riba tenía cada noche desde hacía cinco años era exactamente la pesadilla

bleme

os a las cua

dur

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UN ESPOSO PARA LA CEO PARALITICA
UN ESPOSO PARA LA CEO PARALITICA
“Anabella Ríos dirige uno de los imperios financieros más poderosos del país desde una silla de ruedas. Tiene veintiocho años, mandíbula de hierro, un consejo de administración a sus pies y un único recuerdo que no perdona: la noche de lluvia, hace cinco años, en la que cruzó una calle sin mirar y se quedó sin piernas para siempre. Nunca encontraron al conductor. Máximo Salvatierra debería ser el heredero del otro imperio del país. En vez de eso lleva cinco años bebiendo, perdiendo en casinos y huyendo de algo que no se atreve a nombrar ni delante del espejo. Cuando su abuelo lo obliga a casarse con la heredera de los Ríos, sabe que no puede negarse. Por una sola razón. Una que no piensa contarle nunca a la mujer que acaba de subir a un altar en silla de ruedas para decirle sí. Quince reglas firmadas ante notario. Una mansión inmensa que ninguno quiso compartir. Un secreto que él esconde con la vida. Y una madrastra en seda gris que lleva ocho meses esperando esta boda para destruirla. Anabella accedió a casarse para no perder su empresa. Máximo accedió porque la alternativa era impensable. Y los dos creen que se conocen ese sábado por primera vez. Los dos están equivocados. Cuando la verdad explote, no quedará un solo cuarto de la mansión que no arda. Y para entonces, lo peor no será el secreto. Será haberse enamorado primero. ¿Hasta dónde llegarías por una segunda oportunidad? ¿Y hasta dónde por enterrar la primera?”