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a. Era esa clase de bochorno denso, pesado, que te pegaba la ropa al cuerpo
subiendo lentamente por mis muslos, desafiando el borde de mis braguitas hasta encontrar ese punto exacto donde la piel se vuelve fuego. Me volvía loca la idea de la rendición, de sentir una mano experta abriéndose paso en mi pernera, hundiéndose en mi gruta húmeda hast
uini más ajustado o les hablara con la voz cargada de doble sentido, ellos se quedaban petrific
cto -susurró Marta, sacá
nas sumergidas en el agua templada. A nuestro lado, Isabel se aco
l pecho adolescente, las gotas rodando por sus abdominales apenas dibujados. Era, sin duda, la
go yo -sentenció Isabel, dándole un trago a su re
mis dedos rozaran el inicio de mis pechos a propósito, sabiendo que Javier nos observab
con que me mire a
n un chirrido familiar. Mis ojos se desviaron de inmediato. No era Javie
, el padre
ue cuando se posaba en ti te hacía sentir desnuda. Él no era un niño jugando a ser hombre; él era el peligro real. Mientras Javier se acercaba a nosotras con una sonrisa tímida, Julián se quedó j
s un poco al sentarse a nuestro lado-. E
, guapo -le dijo Marta
l frescor momentáneo cubrir mi vientre y subir hasta mis pechos hinchad
mi vulva ardiente buscó el contacto con su muslo bajo la superficie, y mis tetas en desarrollo se aplastaron un segundo contra su brazo. Sentí cómo Javier se ponía rí
se sacudió el pelo y nos miró con una sonrisa de medio lado, una de esas sonrisas
es-. A ver si es verdad que son tan rápidas nadando como hablando. Les juego
nas un metro de él. Pude ver cómo sus ojos bajaron un segundo hacia el agu
con una voz más baja, una insinuación sutil que me
línea. Julián dio la voz de salida y todas salimos nadando con d
ián nadaba a mi lado, con un estilo pausado pero rápido. Me sumergí por completo, abriendo los ojos bajo el agua. Vi su
nuestras pieles se pegaron. El agua borboteaba a nuestro alrededor, ocultando lo que sucedía abajo
. Al hacerlo, me deslicé hacia abajo en el agua y acomodé mi cuerpo de tal man
isionando su mano contra mi biqu
eflejo del adulto que sabe que está cruzando una línea prohibida, pero la presión de mis piernas era firme, dec
en sus ojos fue devorado por
ragando saliva cuando sentí la presión directa de sus dedos hundiéndose en la entrada de mi vagina, frotando con una precisión brutal mi clítoris sobre la tela húmeda. Era el paraíso. Mi cuerpo entero se tensó, mi coño emp
toque de alerta. Escuchó la risa
dad, saliendo del agua casi de in
on la voz ronca y el rostro encendido-. Se
Sonreí para mis adentros, flotando en mi propia humedad. Sabía perfectamente a qué iba: a echarse un gran polvo con su m
metí los dedos pensando en él, imaginando su mano áspera rompiendo la tel
do a Marta y a Isabel con la excusa de estudiar, pero la atmósfera en mi sala ya estaba cargada de otra cos
olté, mirándolas fijamente mient
iró con los ojos abiertos. Isa
-preguntó Ma
cómo la adrenalina volvía a encen
más sucio detalle de lo que había pasado bajo el agua. La tarde apenas empezaba, y e
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