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La Gruta del Deseo

La Gruta del Deseo

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Capítulo 1 El calor en la piel

Palabras:1578    |    Actualizado en: 15/06/2026

a. Era esa clase de bochorno denso, pesado, que te pegaba la ropa al cuerpo

subiendo lentamente por mis muslos, desafiando el borde de mis braguitas hasta encontrar ese punto exacto donde la piel se vuelve fuego. Me volvía loca la idea de la rendición, de sentir una mano experta abriéndose paso en mi pernera, hundiéndose en mi gruta húmeda hast

uini más ajustado o les hablara con la voz cargada de doble sentido, ellos se quedaban petrific

cto -susurró Marta, sacá

nas sumergidas en el agua templada. A nuestro lado, Isabel se aco

l pecho adolescente, las gotas rodando por sus abdominales apenas dibujados. Era, sin duda, la

go yo -sentenció Isabel, dándole un trago a su re

mis dedos rozaran el inicio de mis pechos a propósito, sabiendo que Javier nos observab

con que me mire a

n un chirrido familiar. Mis ojos se desviaron de inmediato. No era Javie

, el padre

ue cuando se posaba en ti te hacía sentir desnuda. Él no era un niño jugando a ser hombre; él era el peligro real. Mientras Javier se acercaba a nosotras con una sonrisa tímida, Julián se quedó j

s un poco al sentarse a nuestro lado-. E

, guapo -le dijo Marta

l frescor momentáneo cubrir mi vientre y subir hasta mis pechos hinchad

mi vulva ardiente buscó el contacto con su muslo bajo la superficie, y mis tetas en desarrollo se aplastaron un segundo contra su brazo. Sentí cómo Javier se ponía rí

se sacudió el pelo y nos miró con una sonrisa de medio lado, una de esas sonrisas

es-. A ver si es verdad que son tan rápidas nadando como hablando. Les juego

nas un metro de él. Pude ver cómo sus ojos bajaron un segundo hacia el agu

con una voz más baja, una insinuación sutil que me

línea. Julián dio la voz de salida y todas salimos nadando con d

ián nadaba a mi lado, con un estilo pausado pero rápido. Me sumergí por completo, abriendo los ojos bajo el agua. Vi su

nuestras pieles se pegaron. El agua borboteaba a nuestro alrededor, ocultando lo que sucedía abajo

. Al hacerlo, me deslicé hacia abajo en el agua y acomodé mi cuerpo de tal man

isionando su mano contra mi biqu

eflejo del adulto que sabe que está cruzando una línea prohibida, pero la presión de mis piernas era firme, dec

en sus ojos fue devorado por

ragando saliva cuando sentí la presión directa de sus dedos hundiéndose en la entrada de mi vagina, frotando con una precisión brutal mi clítoris sobre la tela húmeda. Era el paraíso. Mi cuerpo entero se tensó, mi coño emp

toque de alerta. Escuchó la risa

dad, saliendo del agua casi de in

on la voz ronca y el rostro encendido-. Se

Sonreí para mis adentros, flotando en mi propia humedad. Sabía perfectamente a qué iba: a echarse un gran polvo con su m

metí los dedos pensando en él, imaginando su mano áspera rompiendo la tel

do a Marta y a Isabel con la excusa de estudiar, pero la atmósfera en mi sala ya estaba cargada de otra cos

olté, mirándolas fijamente mient

iró con los ojos abiertos. Isa

-preguntó Ma

cómo la adrenalina volvía a encen

más sucio detalle de lo que había pasado bajo el agua. La tarde apenas empezaba, y e

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La Gruta del Deseo
La Gruta del Deseo
“A sus dieciocho años, Elena posee una certeza que escandalizaría a su entorno: su cuerpo no entiende de sutiles romanticismos, sino de una urgencia voraz, eléctrica y sin tabúes. Mientras las jóvenes de su edad sueñan con promesas inocentes, ella fantasea con el peligro de las manos maduras, el roce prohibido y el placer absoluto de ser explorada sin límites. En la urbanización donde pasa el verano, los chicos de su edad resultan predecibles y contenidos. Ni siquiera Javier, el muchacho más codiciado del grupo, es capaz de seguir el ritmo de sus insinuaciones subacuáticas en la piscina. Sin embargo, la mirada de un hombre maduro -alguien que triplica su experiencia y encarna la autoridad- despierta en Elena una obsesión irrefrenable. Un juego clandestino de roces calculados bajo el agua encenderá una mecha que ya no se podrá apagar. Obligada a canalizar esa insoportable tensión sexual, Elena encuentra un refugio seguro y ardiente en sus dos mejores amigas, Marta e Isabel. Juntas, las tres romperán las barreras de la timidez en una tarde de entrega absoluta, descubriendo una complicidad erótica que se convertirá en su secreto más preciado. Pero para Elena, el juego con sus amigas es solo el preludio. Ella necesita cruzar la línea definitiva. Al regresar a las estrictas aulas del colegio, Elena diseña el plan perfecto para saciar su curiosidad con el candidato más prohibido y peligroso: el confesor de la institución. Semana tras semana, detrás de la celosía del confesionario, Elena transformará el ritual del perdón en un juego de seducción psicológica, narrando sus fantasías más explícitas hasta desarmar por completo la rigidez del hombre sagrado. ¿Qué pasa cuando la tentación destruye los votos y el deseo se consume entre las sombras de una sacristía? La Gruta del Deseo es una novela erótica audaz y magnética sobre el despertar sexual sin complejos, el poder de la manipulación femenina y la búsqueda implacable de un placer que no entiende de moral, culpas ni redención.”