vista d
ese lugar olvidado por todos. Un agudo rayo de luz atravesó las grietas de mi mazmorra y se estrelló contra
da se abrió con un
té en girar
a quién viniera a buscarme,
elojes, ni forma de disting
z rebotó en las paredes de piedra como un eco metálico. Acto segu
e escupir al suelo. "Han pasado tres años, ¿puedes creerlo? Este maldito agujer
s a
daga envenenada, pero no sentí nada, ni siqu
tiempo? ¿El tiempo me había ol
arrastrando los pies hasta que el s
quedar
na y otra vez la telaraña de fractu
orra que el techo se había vuelto más familiar qu
ada mancha donde el moho fl
ia. Y ahora sabía que ya
casi un lujo comparadas con la primera vez que desp
po se encogió instintivamente sobre sí mismo, un patético intento
capa a capa y destrozaran mi alma, p
era la adecuada. Interrogatorio
a para obtener informació
caparon de la garganta, incluso cuando mi
straron una y otra vez al borde de la muerte, solo para devolverme a la vida
n una bendita oscuridad. Pero cada vez que volvía a abrir los ojos, la pesadilla
ápido de lo que ellos podían infligirlos. Recurrieron a la plata en su desesperación, quemándome la carne con ella para f
rdaba con mu
los demás.
fuera la cáscara de una fruta, capa por capa, en una búsque
cía los labios, me agrietaba la lengua y me retorcía el estó
o la taza fuera de mi alcance. "M
bil incluso para desatar a
agotó la voz, pero incluso la muerte, al parecer, me encontraba demasiado repulsiva.
ra una cosa hueca y temblorosa, simplemente... me dejaron. Abandonada como una r
existía más allá de aquellas
omo diamantes esparcidos. El calor del verano calándome los huesos, el frío del inv
a veces me dolía más
a. Se volvían quebradizos y grises, y s
esos. Mi piel se aferraba desesperadamente a mi esqueleto y se agrietaba como un viejo pergamino
a había un baño en aquel miserable lugar. Durante tres años, d
nredada y enmarañada que se arrastraba detrás de mí, a
tormento que te consume desde adentro, la forma en que el estómago
s alucinaciones del hambre y bebí mi
ad se marchitaba y moría dentro de mí. Hasta qu
te me tocaba, entonces seguro que estaba maldita. Nada bueno me había pasado de
ado antes de que tuviera la oportunidad de crecer. Me resentía con mi padre por aband
era invisible e insignificante. Una mota en el gran orden de las cosas, fácil de
o para ver qué había t
zza mohosa y tal vez un sorbo o dos d
i. La visión me sa
estaba entreabierta y
ara respirar. Parpadeé varias veces, preguntándome si
amente ante mí. Tobias, en su pereza
se agitó en lo más profundo
us débiles zarcillos hacia la l
uso si por algún milagro lograba pasar desapercibida, ¿a dónde iría en este estado? Apenas era piel cosida sobr
la mand
o, con el viento frío en mi piel y las estrellas como testigos silenciosos, o bajo los r
podía romperse en cualquier momento,
a, incapaces de soportar ni el más
elante, usando los barrotes como apoyo. Mi respiración estaba entrecortada, como la de alguien que se ahoga y alca
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