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os pesan. Toco mi cabeza y un gemido de dolor escapa de mi
que no es mi habitación, así que de inmediato me siento en la cama y al hacerlo siento cómo mis ojos se llenan de l
iendo cómo las lágrimas
ado mi cuerpo?, me pregunto, pero ¡no!, me daría
e mis manos y trato d
stimenta me doy cuenta de que es una chica de servicio; me sonríe y
cogerme en mi lugar, ella carraspea tratando de llamar mi atención. Levanto la mi
oz entrecortada; ella abre los ojos sorprend
hicieron da
por qué est
llena de sangre, había perdido la conciencia y el médico vino a revisarla y dijo que solo ha
ro con la mirad
queda en silencio por unos segundos-. El señ
endida al escuchar
? -intento
fue quien la rescató y
qué? -pr
go -dice poniendo una bandeja de comida s
vaya, tomo su mano
sola, por fa
quí nadie le hará daño -y sin más sa
e, pero siento que terminaría vomitando por
me di cuenta de que traía ropa entre sus manos;
mbién quería decirle que ya le informé al señor que ya despertó, así que él
e mí? Muchas preguntas pasan por mi mente hasta que recuerdo las joyas de mi abuela y mi maleta. Miro ha
leta, saco todas mis cosas y ¡sí!, las joyas desaparecieron. Me dejo
no tengo a dónde ir; las joyas de
Allah al no haber obedecido, a
imas en los ojos; me ayuda a levantarme del
asiado. Cuando por fin logro llegar al baño, me doy cuenta de que es enorme; mi casa cabría fácilmente en e
a entrar a la tina. Al sentir como el agua caliente entra en contacto con mi cuerpo, puedo sentir como mis músculos se
mana, pero sé perfectamente que ella me entregaría a mi padre
de mí tengo miedo de quién pueda ser este
pero muy dentro de mí no me arrepiento de lo que hice porque jamás podría vivir
do mi cuerpo maltratado y suspiro; solo espero que este hombre no me pida nada
ar mi deuda a este hombre y que me dé algunas monedas, no me importaría; necesito salir del país,
a vestirme con algo de dificultad; trato de que las lágrimas ya no resbalen por mi
l espejo, no puedo evitar que un gemido de dolor escape de mis labios al ver mi rostro; puedo observar los moretones que t
rimir el llanto; todo lo que pasó es mi culpa; si y
me! -susurró baj
como tratando de reconfortarme y a lo
bo la mirada, encontrándome con su
ien -su
r muchos sirvientes y, al pasar al lado de ellos, todos me miran y susurran bajito. Bajo la mirada, no quiero que nadie me vea así. Ya llevamos var
ue no es un hombre común; solo espero que estar aqualirse de mi pecho; sentía cómo mi corazón golpeaba a un ritmo
io unos golpesitos y a los segundos pude escuchar
rpo se eriza al escuchar esa v
trar, pero yo estoy como si estuviera p
stuviera entrando a la cueva del lobo, un lo
pacho; trato de hablarle que no me deje sola, pero al instante ci
ver a un hombre que está de espal
i los dos metros. Veo su espalda y, aunque el traje que l
hacerlo, abro los ojos po
e todos los hombres tuvo qu
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