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LEN
corazón. Él no se atrevía a mirarme. Sus manos temblaban mientras sostenía una copa de cristal vacía. ¿Qué d
papá -exigí, apretando l
mañana vendrán a embargar la casa y yo termi
e? ¿Como si fuera una mald
matrimonio de convenienc
eas y furia-. Sabes lo que ese hombre le hizo a nuestros socios. Es un monstruo. No hay m
signación mensual. Solo son dos años. Además, es peor que te entregues aún m
tiendo errores -sentí una lágrima traicionera rodar por mi me
princesa! Ya verás que te tratará com
jos se dirigieron a la
hora mismo?
consentimiento. Es un hombre desc
hombre que parecía devorar toda la luz de la habitación. Damián Cavalli vestía un traje gris hecho a medida
tó con una voz aterciopela
as bestias -respondí, dándole la cara a
de humor. Mientras mi yo interior estaba que echaba chispas d
a. Diez millones de dólares, para ser exact
¡No soy tan atractiva
ra que tu padre no termine en una fosa común.
a él hasta sentir el aroma a sánda
d para mi nueva fusión, y tú necesitas que tu familia no se muera de hambre. Tu padre no qu
dejó sobre el escritorio, justo encima del contrato. Maldit
a -or
i me
pacio personal. Sus dedos rozaron mi bar
o cada ladrillo de esta casa
io vestido d
z, deja de tonterías; el señor se puede ar
a, apariciones públicas, fidelidad absoluta. Tomé el bolígrafo. Mis ded
o que le quede claro algo, señor Cavalli: puede comprar mi tiempo y
nó con meticulosidad. Luego, gu
espera afuera. Prepárate, nos vamos a tu nueva
unté, parpadea
pleta, Elena. No dejo mi
á! Di
ientes las subirán al auto. Gracias, hija, t
tor del vehículo de lujo. Me pegué a la puerta, intentando poner la mayor distancia posible entre mi cuerpo y el hombre que ac
no te pertenece".
l aire como una cuchilla-. No hay nada en esa
el bolso contra mis rodillas par
erdad? -le espeté con amargura-. Las personas
ada del dispositivo acentuando las líneas duras de su mandíbula y la perfección casi irreal de sus
erdedores como tu padre no pueden permit
sintiendo una punzada de náuseas. Qué más da, ahora era de su p
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